En toda la noche no había dormido nada, supongo que solo dormí 4 horas y nada más, pero aun así no tenía nada de sueño, no tenía ni la mínima molestia en mis ojos, no tenía cansancio solo sentía “Amor” hacia Gabriel, solo podía pensar en él y en nadie más, podía recordar con perfección el aroma de su ropa, su hermoso peinado a la moda que a cualquiera podía admirar, sus pequeños pómulos que sobresaltaban su gran belleza y por ultimo sus ojos de color azul, que hacían que yo me perdiera en ellos y que me encontrara solo con él en un pequeño paraíso, y que nos amaramos por toda la vida juntos, que nos besáramos y que uniéramos nuestros cuerpos, eso era, eso es el significado que tenía en sus ojos.
Cada momento en que pensaba en él, deseaba que toda era un sueño, que solamente fuera eso, en verdad, tenía miedo a que todo eso fuera en vano, y que nada de eso hubiera pasado en la realidad, lo deseaba con toda mi vida, con toda mi alma, en verdad no quería que fuera realidad, ¿Por qué el miedo?, simplemente porque no quería aceptar la realidad de que el anduviera conmigo, sabía con todo mi corazón que eso no iba a suceder, lo sabía.
Mire un pequeño rayo de luz que hacían atravesar sobre mis cortinas y eso así que formara una pequeña lámpara en mi habitación, ¿ya habrá amanecido? ¿Qué hora serán?, no tenía ni la mínima idea, quería observar sobre el despertador, pero no tenía ganas de asomarme, ni siquiera quería levantarme de mi cama, quería seguir pensando en Gabriel, quería aun pensar en toda la conversación que habíamos tenido ayer, quería recordar cada susurro que alzaba sobre mi oreja, lo deseaba.
De pronto escuche el sonido del celular, fue tan grande la sorpresa que hizo que me cayera de la cama.
-¿Hijo? ¿Que fue ese sonido? ¿Te encuentras bien?- pregunto mi madre asustada, sabía que ese golpe se pudo haber escuchado por toda la casa.
-Sí mama, se me cayó el despertador-mentí aún cuando soportaba el dolor en mi espalda.
-¡Ten cuidado!, en cuando termines tus cosas bajas a desayunar ¿está bien?
-Sí mama-respondí mientras sobaba mi espalda.- ¿pero que pasara ahora?
Alce mi celular y empecé a ver que la luz de la pantalla estaba encendida.
-¡Nuevo mensaje!-lo decía al mismo tiempo que verificaba la pantalla-Que raro no dice quien me lo mando.
Trataba de abrir el mensaje y en ella decía así:
“Hola, soy Gabriel, espero que no te haya despertado temprano, ¿sabes? Quise saber, como es fin de semana, si pudiéramos vernos esta tarde, ¿te parece bien?”
Aun cuando trataba de sostener el celular, no pude aguantar la emoción de saltar por todo mi cuarto y gritar de la alegría en saber que era Gabriel, ¿pero como sabía mi celular? ¿Se la habrá dado Jennifer?, era de lo más lógico…
-¡Hijo! ¡Ya vente a desayunar!-habló mi padre.
-¡Ya voy!-Aun seguía gritando de la alegría.
Aun con la emoción que tenia a flor de piel, quise escribirle rápido a Gabriel antes de que mis padres vinieran por mí y me arrastraran hasta la cocina…
“Claro, por mí si saldría contigo hoy, que dices si nos fuéramos a ver en el centro del parque en San Pedro, a las 4:30, Nos vemos”
Cuando empecé a cerrar poco a poco el celular, sabía que iba a brincar de nuevo de la emoción, no lo pude contener, quería estar con él el resto del día, suponía que sería de mis mejores días que he tenido en toda mi vida, fui directo a la puerta de mi cuarto y lo abrí de aventón que hasta se escucho el golpe que le dio en la pared, baje rápidamente hacia la cocina, mis padres me miraron sorprendidos, no estaban acostumbrados en verme de esa forma tan… feliz.
-¿Y por qué estas de ese modo?-me pregunto mi madre, casi sonriendo por que le había contagiado mi alegría.
-Es que…-quise no decir la verdadera noticia, no era el momento adecuado-iré a ver a Jennifer que me tiene una sorpresa.
-¿Sorpresa?-me pregunto mi papa un poco confundido.
-¡Sí!, pero pues ya sabes cómo es ella, ¿no?-¿Cómo no se me habría ocurrido algo mejor?
Pasaron unos minutos, mientras mi papá estaba leyendo el periódico, mi mamá estaba alistando, de nuevo, la lista de productos que iba a comprar en el supermercado.
-¿Y te tardaras?-después contesto mi padre.
-Supongo que sí, la verdad aun no sé, pero cualquier cosa les hablo por celular, ¿está bien?-intente cerrar de una vez la conversación.
-Por cierto, te hablo Angélica, quería que la llamaras-lo dijo después de que termino de realizar la lista.
-¿Angélica?, ¿No te dijo que quería?- lo dije mientras estaba un poco aturdido.
-No, pero se veía que era algo importante, ¿Por qué no la llamas?
-Es que… está bien ahorita la llamó.- lo dije un poco desanimado.
Angélica es una compañera de mi clase, es inteligente, guapa, sincera, divertida, todo lo positivo que tú quieras agregar ella es así, la conocí un poco después de que yo entrara a la escuela, la conocí cuando estábamos juntos en la misma clase de pintura, y nos sentábamos en el mismo lugar, el caso es que también nos hicimos muy amigos, teníamos los mismos pensamientos, los mismos gustos, el problema que tengo con Angélica es que ella está enamorada de mí, cuando me entere de eso, siento que a ella la empecé a ver de modo diferente, ya no la vi igual y me lastima tantas veces cuando estoy con ella, no quiero jugar con sus sentimientos, pero es que tampoco puedo confesarle mi gran secreto, ese secreto que no me permite ser libre con los demás, me duele en verdad.
-¿No la piensas llamar?-me aviso mi mamá cuando vio que aun seguía pensando en ella.
-Sí, sí, es que estoy tratando de averiguar porque me quiere hablar-murmuré.
-¿Oye?- después de que mi padre dejo de terminar de desayunar, se levanto y se dirigió hacia a mí-¿Por qué no andas con Angélica?, ¿podrían formar una buena pareja, no crees?
-Claro-mentí-podíamos formar una buena pareja, pero parece ser que ella tiene ojos a otra persona.
-¿Y quisieras a andar con ella?-con voz animada me dirigió unos golpecitos en la espalda.
-La verdad ya la veo con una amiga, quizás no me enamoraría de ella de cierta forma.
-Está bien-puso cara de desanimado-pero aun tienes tiempo.
¿Algún día les confesare a mis padres de que soy gay?
Acabe de terminar en desayunar cuando me dirigí hacia la sala, el teléfono no estaba allí así que me dirigí a la habitación de mis padres para saber si se encontraba ahí, estaba por subir en las escaleras y cuando la hacía aun mi mente me hacía pensar por qué Angélica me quería llamar, no había tarea o algo por el estilo, se me hizo muy extraño…
El teléfono se encontraba en la cama, así que lo levante y empecé a marcar cuando iba hacia mi cuarto para tener un poco de privacidad, me seguía hasta mi cama para acostarme de un salto, ya que estaba aun aturdido después de que me mandara el mensaje Gabriel.
-¿Hola?-me empezó a hablar Angélica.
-Hola, ¿oye? ¿Me hablaste?
-¡Sí! Claro, estaba pensando, ya que no teníamos nada pendiente en la escuela, si me podías a acompañar a una pequeña fiesta que me invitaron, la verdad no quiero ir sola y pues tú me podrías hacer compañía, ¿quieres venir conmigo?
-¿HOY?-esperaba con ansias que fuera para mañana.
- Sí, es solo una fiesta, te va a gustar- lo decía con su voz dulce como de niña pequeña.
-mmm…, pero es que tengo una pequeña cita y la verdad no sé si pueda ir- le dije de manera que mi voz sonara firme y convincente.
-¿cita?, ¿con quién?-su voz empezó a sonarse muy baja.
-Con una amiga-quería aun que se tragara todo lo que le dijera.
-Pero solo quiero que me acompañes a la fiesta, empezara a las 8 de la noche, ¡por favor!
Mi mente aun seguía bloqueado, ¿Qué hare? ¿Iré a ver a Gabriel y olvidarme de la fiesta? ¿O acompañare a Angélica a una fiesta que no me interesaba?, era lógico que quería la primera opción, pero el problema es que la mama de Angélica es muy amiga de mi mamá y si se enterara de que salí con alguien que no sea mis amigas, y peor aun si se enterara le iba a estar llamando a todas las que conocía hasta que terminara por llamar a la mamá de Jennifer y sabrá que no estoy ahí.
-¿entonces? ¿Irás?- empezó a sonar su voz un poco desanimada.
-¡Sí!-empecé a pensar bien la situación-te iré a recoger a tu casa como a las 7:30 ¿está bien?
-Por supuesto como tú quieras, que emoción, te veo después, ¡ADIOS!
-adiós.
Era mejor así, iré a verlos a los dos solo que para mi mala suerte solo tengo como tres horas como para verlo, tiempo nada suficiente para que Gabriel y yo tuviéramos algo de tiempo juntos, que va, que mas puedo hacer.
Fui directo a las escaleras y baje de manera que me veía que no tuviera el humor de hacer algo, vi que mi madre estaba en la sala viendo la televisión, me dirigí hacia ella y me senté a lado de forma un poco distante para que no la interrumpiera en su programa.
-mamá-empecé a juguetear con el control remoto.
-¿Sí hijo?-me decía con una voz distraída, no quería apartar sus ojos de la televisión.
-Parece ser que iré a una pequeña fiesta que me invito Angélica, iré después de ver a Jennifer.
-¿En serio?-aparto sus ojos de la TV un poco asombrada-¡QUE BIEN!
-Sí-mentí-entonces vendré un poco tarde a la casa.
-Tomate todo el tiempo que quieras, quiero que te diviertas tú y Angélica- me lo decía al mismo tiempo que me daba un gran abrazo, un abrazo al que no me gustaba para nada.
-Gracias-me aparte de ella- iré a arreglarme.
Cuando iba camino hacia mi habitación, me acorde que aun así podía estar con Gabriel, con solo en pensar en su nombre me hizo pensar en muchas cosas y antes de que pudiera reaccionar entre en una pequeña ilusión que me hizo que me acostara rápidamente hacia mi cama.
Estábamos yo y él en una pequeña habitación, había muy poca luz, no podía distinguir nada, más que sus ojos azules que estaban proyectados hacia mí, esos ojos a los que se me hacían muy peligrosos, esos ojos a lo que en verdad no sabía porque me hacían provocar tan gran satisfacción, me hacía sentir poderoso, sabía que los podía manejar como yo quisiera, solo estaba él y nadie más, poco a poco estaba su manos sobre mi cintura y me estaba apretando muy fuerte pero de manera dulce, después su otro brazo se dirigía hacia mi rostro, acariciando mi frente y después me beso en mi cabello, poco a poco estuvimos tambaleando en ambas direcciones y después una pequeña canción de la nada salió disparada hacia mis oídos y después sentí como Gabriel me estaba llevando hacia la música y estuve bailando con el suavemente, tan suave que sentía como mis pies estaban flotando sobre el suelo, me sentía feliz y a la vez amado por él y el hacia mí. Después de que terminara la canción, el estuvo parado así, abrazándome, por mucho tiempo, yo la verdad no supe cuanto tiempo pase así y no me importaba quería seguir estando con él, hasta que me asomo a ver su reacción y supe que él me estaba mirando con una pequeña sonrisa que le hacía ser que pareciera que fuera un ángel, pero sin alas. Después su pequeño y magnifico rostro se hacía más adelante donde mis labios estaban puestos para que el me besara, quería aventarme hacia él, pero algo me lo impedía, el se acercaba lentamente y yo aun lo seguía esperando, quería con toda mi alma que él me fuera a besar con sus labios dulces y carnosos…
Empecé a parpadear lentamente y aun seguía un poco despierto, estaba escuchando un sonido fuerte afuera de la casa, ¿pero qué será? Aun seguía preguntándome cuando poco a poco cuando aún despertaba después de mi gran fantasía que tuve con Gabriel.
-¡Hijo! – Gritó mi madre- ¡Te buscan!
-¡Si ya voy!-¿Quién trataría de buscarme a estas horas?, ya me hablo Angélica y tenía una cita con Gabriel, aun no encontraba la razón de eso.
Estuve bajando de las escalera, tratando aun de saber quién sería, pero aun no intentaba en descifrarlo, a lo mejor es alguien de mis amigas que quiere alguna tarea, que se yo. Estuve observando a mis padres en la sala aun viendo la televisión y me di vuelta hacia la entrada de la casa, abrí la puerta, pero antes de eso quise ver por la puerta quien era esa persona.
No se la verdad si era él quien estaba detrás de mi puerta o era una especie de ilusión, la verdad no tenía ni la menor idea, ¿por qué está parado Alan atrás de mi puerta?

