-¡Que hermoso!- lo dije mientras estaba caminando lentamente y observando que también el cuarto estaba cubierto, pero no de pinturas, si no de esculturas hechas a barro. – ¿Y en donde están las pinturas?
-Están en ese pequeño buro, las guarda mi madre de esa manera de tal forma que no se perjudicaran ya que sus esculturas no les pasaban nada si estaban paradas así.
-¡Ah!- me agaché para ver abajo en donde estaba el buro una pequeña carpeta de cuero que resaltaba más que las otras carpetas puestas por encima de cada una - ¿Puedo ver?
Gabriel asintió mientras el agarro una carpeta que ya estaba vieja.
La carpeta está repleto de pequeños retratos hechos en carboncillo donde la gente estaba parada en ciertos puntos que al parecer eran las de un barco, lo distinguí por el mar y algunas pequeñas características que era obvio distinguirlas.
-Así que agarraste el álbum preferido de mi mamá- dejo el álbum que agarró en donde estaba mientras se coloco a lado de mí, que por cierto sentí que tuvimos un cierto contacto que hizo que me distrajera en los dibujos y me sonrojé, pero él no lo notó.
-Mi mamá desde muy joven decidió en ir a viajar en barco a donde su corazón le decía, no tenía una dirección en donde le hacía quedarse, en esa época mi mamá tenía unos pequeños problemas en casa así que decidió en irse a venir aquí en donde vivimos.
Estaba ojeando cada dibujo que hacía que mis manos se cansaran por el peso del álbum, era tan gruesa que podía imaginar que tenía cientos de dibujos ahí.
-Siempre-siguió conversando Gabriel- ella le gustaba dibujar a la gente cuando ellos no sabían que ella estaba ahí observándolos ya que es cuando la gente se comportaba de su forma natural y no como otras que posaban tratando de que el dibujo fuera un poco… digamos que sin sentimiento.
Seguía aun así ojeando los dibujos pero después había un pequeño apartado donde estaba todo en blanco, no tenía ningún título, y delante de ese apartado estaba dibujos que al parecer eras de un señor que era, para su época muy varonil y mostraba una cierta clase.
-Es ahí, en ese viaje cuando conoció a mi padre-lanzo un suspiro cuando observaba a su padre en diferentes posiciones, cuando fumaba un puro, cuando estaba sentado viendo al mar.
-Entonces…-me volví hacia él tratando de que mi voz sonara seria- ¿tu mama de donde es?
-Es de España y mi papá también, no sé muy bien que paso, pero mi papa al parecer el también estaba solo y quería hacer una nueva vida en otro lugar, le incomoda mucho que le hiciéramos recordar su pasado.
Después sentí como mi estomago lanzo un rugido de hambre que hizo que Gabriel lanzara una carcajada tan alta que me fui directo hacia la salida de la habitación.
-¡Venté!- me agarro de mi brazo e hizo que chocarán nuestros pechos y que nos tambaleáramos un poco-no te enojes solo que fue un poco gracioso.
Me sentía avergonzado y no quería verle la cara después del sonido que mi estomago lanzo, es ahí cuando fue que el silencio apareció y no sonara nada más que nuestros respiros y hacían que hasta las aves se escucharan con gran claridad.
Estuvimos así por un tiempo cuando el poco apretaba mi cintura hacia él y yo no me resistía me deje llevar por la excitación que tenía sobre él y como su brazo me hacía aun apretar más y más.
Después su otro brazo se dirigido hacia mi cabeza y eso hizo que su dedo me hiciera asomar sobre su rostro, sus ojos me hicieron que palpitara de nuevo mi corazón y lanzo una sonrisa sobre mí, sabía que estábamos a punto de besarnos, lo sabía. El inquirió su postura de manera inclinada y se acercaba lentamente tratando de que sus labios carnosos se entrelazaran sobre los míos, yo por mi parte solo me dirigí hacía ellos también y empecé a cerrar los ojos, tratando de disfrutar ese momento.
Es ahí cuando sentí como sus labios se cruzaban con los míos y su lengua penetraba sobre mi boca, fue tan dulce, sus manos empezaron agarrar sobre mis cabellos haciendo que sus besos sean un poco agresivos, me empujaba más hacia él y yo lo disfrutaba…
-¿Gabriel?- sonó un pequeño grito, que al parecer era una voz masculina.
Nos separamos tan rápidamente y nos quedamos mirando sorprendidos, yo me quede paralizado, no sabía qué hacer, pero Gabriel reacciono más rápido que yo y él se dirigió hacia la puerta.
-¡Quédate aquí!- me aviso mientras cómo veía que aun el también no le pasaba la reacción del gran beso que tuvimos.
Y cerró la puerta, trataba de saber de quién pertenecía esa voz y trate de incorporarme a la puerta y poner mi oído para poder escuchar la conversación.
-¡Alan!-dijo Gabriel.
¿Alan? ¿Qué hace aquí?
-¡Oye!, ¿Por qué no vamos una fiesta hoy en la noche?-dijo Alan de manera que él no sospechaba de nada.
-Sí claro… solo que… pues- Gabriel sonaba un poco nervioso, supongo que él tampoco quería que Alan sospechara de nada.
-¿Por qué estas sudando?- preguntó Alan- Ya estás haciendo ejercicio, gordito.
-Sí, es que pues me estaba ejercitando un poco, entonces iré a la fiesta y pues… nos vemos allá ¿está bien?
-Bueno, entonces nos vemos, ¿oye? Esta chaqueta no es tuya.
-¡Demonios!- lo dije mientras trataba de recordar que había dejado mi chaqueta cuando ya iba para su cuarto.
-Sí, es que me lo acabaron de comprar-respondió Gabriel, mientras su voz se puso más nerviosa.
-¡Ah!, pues se ve genial, entonces nos vemos.
Y cerró la puerta.
Estaba alivianado, sabía que él no sospecharía de nada aun cuando encontró mi chaqueta, el no podía saberlo, a menos que el entrara a mi cuarto y se ponga a esculcar mi ropero.
Me pare de nuevo a lado del álbum de dibujo, el pequeño buro, como si no hubiera escuchado la conversación aún cuando las voces eran muy claras, pero era para que Gabriel no me viera como una persona entrometida. Poco a poco se escuchaban los pasos que ya venían hacía el sótano, así que tuve tiempo para al menos peinarme y aun por sí él trataba de besarme. Él entro a la habitación un poco distraído, pero trato de que entendiera todo lo que sucedió y fue hacía mí cuando percato lo que habíamos hecho.
-Creo que no fue el momento, ¿verdad? –empezó a burlarse un poco, pero no abrió su sonrisa.
-Debería de irme ¿sabes? , es que mis padres puedan que estén hablando a la casa de Jessica y sabrán que no estoy allá- me di la vuelta y me dirigí hacia la puerta.
El no me detuvo y se quedo en la habitación, aun cuando bajaba a las escaleras, quería que me detuviera como aquella vez pero eso no sucedió y llegue hasta el pasillo principal tratando de recordar donde era la salida para la casa. Lo vi acercándose detrás de mí y me espere tratando de que él me dijera algo, hasta que me tomo de mi cintura y me empezó a apretar muy fuerte como si fuese una despedida y no lo viera jamás.
-¿Me amas?- me susurro en el oído con una voz quebrada.
-Claro que sí- dije tratando de acariciar su hermoso cabello y apartarme un poco de él para ver su mirada tan acogedora que me hacía sonrojarme- solo que hubiera sido mejor si no hubiera aparecido Alan.
-Perdóname por favor, no te vayas, quiero estar un momento más contigo, ¿Por qué no vamos a mi cuarto?
-No puedo – puse una cara decepcionada – mis padres sabrán que no estoy ahí, ¿me entiendes?
-Está bien – y de nuevo me empezó a abrazar de mi cintura y me empezó a bezar en mi cabello y poco a poco bajaba para que se reencontrara con mis labios y con sus labios suaves me empezó a besar tiernamente y se separo de mí para que pudiera regresar de la sala para que me trajera mi chaqueta antes de que se me olvidara recogerla.
-Nunca dejare que dejes tus cosas en la sala, ya sabes lo que paso- dijo entre dientes.
-¿Me iras a dejar a mi casa?
-¿Creías que te iba a dejar así como así?-sonrió y me volvió a besar en la boca y me abrió la puerta para que saliera.
-Esta vez-dijo- tomare el coche para que sea más rápido.
-Claro-sonreí.
Se dirigió hacia su cochera que estaba atrás de la casa mientras yo ya estaba en la calle para que el solo se diera vuelta y se detuviera enfrente de su casa, vino en su porche azul, la verdad no sabía que marca era porque no era muy bueno para eso, solo sabía que estaba hermoso y su color azul marino hacía estallar mil reflejos por la luz y mis ojos se deslumbraban por el brillo del carro.
-¡Entra!- me empezó a hacer señas con su mano mientras me dirigía en él.
Entre y todo el aroma del carro era distinguible, era como el aroma de las rosas, era muy agradable y eso me hizo sentir cómodo, acelero rápido y se dirigía hacia el camino que antes habíamos transcurrido.
-Te amo- y dirigió su mirada con una sonrisa hacía mi.
-Yo también-y le respondí también con una sonrisa-solo que la verdad no sabía que tu…
-Sí lo soy, pero es que tu eres tan, no sé…. Me haces sentir….- y se dirigió de nuevo hacia el camino sin la palabra correcta para descubrir lo que quería decir.
Empecé a agarrar la mano de Gabriel con una cierta ternura y quise agacharme a su pecho pero los cinturones de seguridad me lo impedían.
-Te veías muy dulce el día que te vi en el cine, eras todo un galán-y él me acarició mi mano como respuesta de la acaricia anterior que yo le di.
-Gracias pero pues tu también lo estabas, y en la escuela…. – después recordé que el siempre me veía en la escuela en el receso-¿por qué nunca me habías platicado en la escuela y sí en el cine?
-Es que… - y de nuevo me lanzo una mirada tierna- no sentía que ese lugar era apropiado para platicar y cuando estuvimos solos en el cine pensé que quizás era el momento apropiado y sí que lo era.
-Entiendo-mire hacia mi ventanilla cuando percate que ya estábamos por llegar al lugar donde nos reunimos.
-¿Te puedo dejar a tu casa?- volvió su mirada con la mía con una pequeña risa burlona.
-Sí claro- no estaba tan emocionado con lo que me dijo, sabía que no estaríamos mucho tiempo hoy, así que aun estaba poniendo atención a lo que había en mi ventana, arboles, casas, parques, aves, gente, carros…
-¿Te sucede algo? – preguntó Gabriel con voz preocupada.
-No solo que… pues hoy solamente estuvimos poco tiempo después de lo que paso en tu casa, no me esperaba que tú me besaras y quiero estar contigo todo el día, pero… - y lo deseaba pero tenía que llegar a mi casa para prepararme en ir a la fiesta que me invito Angélica.
-Yo también quiero andar contigo bebé pero esta noche también saldré, me invito una fiesta Alan y pues tú también andarás ocupado, así que quiero distraerme en la fiesta para no volverme loco cuando tú no estás.
Eso me sonó muy dulce de su parte y le mande un beso rápido en su mejilla, el volteo y me planto un beso en mis labios pero muy rápido, por que el estaba conduciendo y no queríamos que pasara algún accidente.
Llegamos enfrente de mi casa, él sabía en donde vivía ya que siempre pasaba con sus amigos y estaban cerca de aquí, el se detuvo un poco desilusionado.
-¡Espera!-grité al momento de recordar algo que se me había olvidado- aun tu puedes quedarme un rato conmigo, espérame aquí ¿sí?
-Sí… claro – me miro confundido.
Corrí rápido hacia la casa y trate de abrir rápido la puerta pero este tenía llave.
-Lo sabía-dije emocionado, mis padres si salieron y dejaron puesto el seguro a la puerta para que nadie tratara de entrar- ¡Entra conmigo! – le grité a Gabriel para que él me escuchara.
-¿Y tus padres?- me dijo aun confundido.
-No están, salieron – dije emocionado, sabía yo que mis padres se iban a salir y que él podría estar conmigo hasta que vinieran.
-Pero que tal si llegan temprano- dijo con tono preocupada.
-No te preocupes – dije riendo poco – mi cuarto tiene una ventana que da hacia el patio y tu puedes salir por la parte de atrás.
-Entonces en las noches puede entrar a tu cuarto ¿verdad? – me empezó a agarrar en la cintura después de que ya entráramos por mi casa.
-Sí te doy permiso, porque a veces mis padres duermen tarde y pueden escuchar.
-Está bien – suspiró.
No trate de que el viera mi casa, en lo absoluto, quería que él estuviera en mi cama y estar un tiempo juntos, así que lo agarre de la mano con fuerza y lo dirigí hacia mi habitación, subí corriendo tan rápido por las escaleras que Gabriel por un momento iba a tropezar, pero se reincorporo rápido.
-¿Por qué la prisa? – me pregunto mientras azote la puerta con fuerza.
No le respondí solo lo avente por la cama y me lance sobre él, quise reencontrarme de nuevo son sus labios carnosos para besarlo, el parecía que lo estaba disfrutando y también se dejo que lo besara.
Empezó a juguetear con mi pecho cuando aún seguía besándolo, después empezó acariciar mi cabello mientras aun su otra mano daba movimientos suaves a mi espalda.
-Te amo – susurro a mi odio con una gran suavidad.
-Yo también te amo – eso fue lo único que pude decir después de que él me besaba agresivamente.
-¿Quieres hacerlo? – me miro a los ojos con una suma seguridad.
-No puedo – y me aleje de él para tratar de respirar un poco.
-¿Por qué? – frunció el ceño.
-Es que… me da un poco de pena. – dije con cierta vergüenza, tanto que se me sonrojaron los cachetes.
-No debes sentirlo, yo te amo y no debes sentirte así – me agarro de nuevo la playera para que me lo quitara y siguiéramos. Pero no pude y lo puse en su lugar.
-No debes de sentirte así – me aviso con cierta dulzura – si quieres me quitare la playera yo primero.
Se levanto de la cama y se dirigió enfrente de mí y poco a poco estaba levantando su playera y desabrochando sus pantalones. Estaba atónito, ¿en verdad hoy era el día de hacer el amor?, yo lo deseaba pero aun así aunque él se quitara la ropa no quise quitarme la mía.
-¡Vamos! – me acaricio el pecho mientras yo temblaba por el contacto frio de sus manos.
Empezó a acomodar las sabanas de tal manera que me cubrían todo el cuerpo.
-Por qué no te quitas la ropa y si lo deseas nos taparemos con las sabanas para que yo no te vea, pero por favor quiero sentir el contacto de tu piel, ¡por favor!
Estaba pensando, sentí que no tenía otra opción, una parte de mí lo quería hacer y empezar a desnudarme pero la otra era la pena que sentía en mi cuerpo, era muy inseguro.
-Está bien – dije.
Me metí entre las sabanas y poco a poco empezó a desabrocharme los pantalones de manera que la lance al lado de la cama y después me quite la playera con rapidez, el me veía con entusiasmo y con admiración, el lo quería y yo también aunque no podía, después me abrazo de nuevo y empezó a juguetear mi cabello y dirigió sus brazos en mis pies y los empezó a acariciar.
Sentí una gran excitación y no quería que sus manos se despegaran de mis pies, yo por lo tanto empecé a acariciar su rostro y lo empezaba besar.
Sentí como sus manos estaban subiendo lentamente hacia mi parte intima.
-Te deseo, y tú lo sabes- su voz sonaba excitada y yo también lo estaba.
Después sonó el timbre de la puerta de la casa, los dos nos vimos boquiabiertos y con nuestros ojos en forma de platos nos incorporamos rápidamente de la cama, el esta aun aturdido y no podía maniobrar bien sus manos para subir sus pantalones y ponerse su playera.
-¿A dónde voy? – hablo con desesperación y trataba de aun ponerse los zapatos.
-Por la ventana, ya vete antes de que suban a mi cuarto - estaba en las mismas yo aun no pude levantarme mi pantalones y no recordaba en donde había dejado mi playera.
-¿Hijo? – Gritó mi madre desde abajo - ¿estás aquí?
Gabriel alcanzo amararse los zapatos cuando se dirigía hacia la ventana, pero él no observo cuanta era la altura y se lanzo de un solo brinco. Sonó como Gabriel gritó un poco por el dolor pero el salió corriendo. Yo por lo mientras acomodando también mi cama me lance hacia mis libros y agarre cualquiera y me levante hacia la cama como si toda la tarde estaba leyendo.
La puerta se abrió con rapidez.
-¿Por qué no contestas? – habló mi padre un poco perplejo.
-No los había escuchado, perdónenme – empecé a ver a mi alrededor par a ver si todo estaba en orden.
-Ok, ¿y para que te habló Angélica?- entro a mi cuarto con lentitud sin ningún signo de sospecha.
-Me invito a una fiesta y me iré con ella, no falta mucho para irme, obvio si me dejas permiso.
-Claro-levanto una sonrisa – puedes tardarte lo que quieras ¿está bien?
-Sí, claro.
Se fue yendo a su cuarto con si estuviera gritando de alegría mientras yo me levantaba de la cama y me iba hacia mi ropero para cambiarme, la verdad no estaba humor para hacerlo ya que era solo una fiesta a la que no conocía a nadie y todo el tiempo estaría con Angélica.
Me fui directo hacia la puerta de la casa y solo pude despedirme de mi mamá con un beso en la frente ya que mi padre no estaba presenté.
Espero llegar a tiempo a la casa de Angélica. Me dirigí hacia la calle para poder tomar el transporte - ¿Qué estarás haciendo ahora mismo Gabriel?
domingo
CAPITULO 7
Publicado por ojos verdes ojos azules ¿en verdad crees en el amor? en 20:03
Etiquetas: OJOS VERDES OJOS AZULES HISTORIA GAY HISTORIA HOMOSEXUAL
sábado
CAPITULO 6
-¡Hola!- dijo con su voz aterciopelada, la que no recordaba después de todo lo que pasé con Gabriel. -¿Cómo estás?
-Me encuentro bien, solo que aun ando un poco -no encontré la palabra indicada, aun seguía aturdido por la sorpresa. -¿Está todo bien?
-Sí, por supuesto, no pasa nada, solo quería saber cómo estabas.- se veía pálido y un poco nervioso, algo que no había visto en él.
-¡Ah!- intenté que mi voz aun no sonara como tonta-¿y cuál es el motivo de la visita?
-Este… quise saber si me podrías acompañar a ver con… Jessica… si con ella-
-¿Con Jessica?-estaba confundido- Pero ¿por qué tendría que acompañarte? Bueno… si se puede saber-
-Es que veo que ustedes dos casi no están juntos y pues sería buena idea que me acompañaras conmigo… y con ella, claro. -estaba aun más nervioso de lo normal, la verdad eso me ponía nervioso también, no sabía en qué responder.
-Perdóname Alan, pero es que tengo una pequeña cita con…-de pronto me acordé que según tenía acordado en ver a Jessica, pero eso era una mentira así que trataba de pensar rápido- con un amigo.
-¡Ah!-suspiro desilusionado- bueno pues perdona en molestarte, es que a lo mejor te hubiera llamado por teléfono, pero es que no lo tenía.
-Sí, claro, ahorita te paso mi número, pero se lo hubieras pedido a Jennifer -terminé de darle mi teléfono cuando noté que sus manos temblaban un poco.
-Bueno, gracias. Entonces te veo en la escuela-se volteó tan rápidamente que pareciera que se echaría a correr como si alguien lo estuviera persiguiendo.
-¡Alan!-grité cuando recordé algo pendiente que decirle, sabía que era el momento adecuado.
-¿Sí?-se siguió hacía a mí con pasos largos como si en verdad no se hubiera movido.
-Quería saber una cosa, ¿aun sigues enojado por no haberte pasado las respuestas del examen anterior?
Pareciera que quería saber de lo que me estaba refiriendo hasta que lanzó una pequeña carcajada tan contagiosa que me hizo reír entre dientes.
-Claro que no estaba enojado, solo que estaba… tu sabes, estaba pensando en otras cosas.-dijo aun con una sonrisa que se lanzaba de oreja a oreja.
-Que bien, creí que sí lo estabas, por un momento pensé que no me volverías a hablar otra vez.
-¿Cómo? Nunca te haría eso, es que eres un chavo genial, ¿sabes?
Después de que me dijo eso nos quedámos mirando por un momento con la mirada pegada uno en el otro; sabíamos que pasaba algo, pero aun no sabíamos que era; pero el súbito recuerdo de Gabriel me hizo esquivar su mirada hacia otro lado; eso lo desconcertó e hizo lo mismo.
-Creo que ya debería irme. -suspiró- Iré a ver a Jessica y pues supongo que algún día que puedas podrías acompañarnos a dar una vuelta, ¿está bien?
-Sí por supuesto, que se diviertan. –le respondí algo desconcertado.
Lanzó una pequeña sonrisa que hizo que me asombrara por sus lindos dientes blancos que pareciera que alumbraría cualquier sitio oscuro. Hizo un cómico gesto de despedida con su brazo y se dirigió hacia la otra esquina de la calle.
En verdad pasó todo esto en la mañana; creo que ese día fue algo fuera de lo común, algo a lo que no estaba acostumbrado a vivir: primero saldría con Gabriel y sentiría esa amistad cálida que teníamos entre él y yo, y que me provocaba fantasías muy intensas; después saldría en la noche con Angélica, aunque no sabía si me la pasaría bien o no en su pequeña fiesta a la que no quería ir. Pero sin duda lo más desconcertante fue la sorpresiva visita de Alan. ¿Por qué me quiso ver ahora y por qué se veía tan nervioso? En realidad era la primera vez que lo veía así (aunque a la salida del cine estaba bastante raro también) y más se me hizo extraño por la forma en la que me miraba; en verdad, nunca me esperé esa reacción. Fui directo a mi cuarto para ya prepararme a la gran cita, por así llamarlo, que tenía con Gabriel; me moría las ganas de verlo, quería andar con él y ver de nuevo sus lindos ojos, pero eso lo haría al último, pues cuando lo encontrara lo primero que vería sería su cuerpo delgado, el que a muchos no les llamaba la atención pero a mi me atraía; después vería su rostro, que parece haber sido tallado por los ángeles, y después me perdería en sus ojos azules que pudieran hacer que me perdiera en la más bella locura.
Estaba cambiándome de ropa después de una pequeña ducha y cuando llegó la hora de saber en qué vestir, fue que me cambiaba una y otra prenda no sé cuantas veces hasta hacer que todo se viera perfecto; sabía que ese día debería de ser perfecto y no me importaba ya como me lo iba a pasar en la fiesta que me invito Angélica, para nada.
Decidí en ponerme una playera blanca con una imagen de una banda de rock que me gustaba, después me puse unos pantalones entubados y unos tenis de los cuales no me despegaba, agarré por último una chaqueta de cuero y me puse un collar que tenía una figurita en forma de guitarra; estaba por asomarme en la ventana y algo me decía que era posible que esa tarde haría frío y mucho viento. Yo soy muy precavido así que decidí en llevarme también una bufanda de color gris; fui a verme al espejo y me sentí genial: sabía que esta ropa sería la adecuada.
Ya era la hora para verme en el parque con Gabriel, así que me despedí de mis padres hasta que mi papá se levantó para estirarse un poco
-¿Te tardarás?-me preguntó.
-No sé, la verdad, pero como ya les dije, iré a llamarles por si algo sucede – Quise irme de una vez, pues ya estaba ansioso.
-Está bien, posiblemente nosotros salgamos a algún lado, quizás tendremos que cerrar la puerta. ¿Llevas tus llaves?
-¿A dónde irán?-pregunte antes de contestar la respuesta de mi padre.
-Quizás al parque, ya nos aburrimos de la televisión.-se estiró de nuevo mi papá.
-¿¿Al de San Pedro??-al parecer grité en vez de preguntar.
-Sí, sí, tampoco no podremos ir lejos ¿Qué sucede?-me pregunto de forma que creí que sospechaba algo.
-No… no sucede nada, bueno, entonces si van, me avisan ¿sí?
-Ahá- dijo mi papá; luego se volteó mi papá y se dirigió a la cocina.
Cerré la puerta y me fui corriendo hasta el parque y llegar lo más antes posible para explicarle a Gabriel que sería mejor que nos fuéramos a otro lado. Mis pies no podían seguir el ritmo al que yo quería, estaba muy cansado y cuando cruce por una tienda, quise parar ahí; volteé en un pequeño refrigerador que tenían, quería algo que beber pero me hacía pensar que me tardaría más. Cuando pensé en eso, suspiré de lo más hondo y salí disparado hacia la calle de nuevo; corría y corría, pues tenía que alcanzarlo, lo sabía.
Ya estaba por llegar al parque y mis pies me decían que debía de parar pero no les quise prestar atención y fui corriendo aun mas rápido; estaba esquivando a toda esa gente que se volteaba a verme y sabía que uno que otro me estaba maldiciendo por estar aventándolos. Llegué al fin al centro del parque pero aun no había ninguna señal de él; pensé dar algunas vueltas alrededor, pero era mejor esperar ahí; me fui directo al pasto y me aventé ahí y disfrutar de toda la brisa que hacía y descansar un poco después de correr tanto.
Escuchaba claramente mi corazón palpitando al mil por hora y eso me hacía sentir aun más cansado; maldecía la hora en que se me ocurrió llevar la chaqueta de cuero, pues moría de calor y sudaba muchísimo. De pronto sentí que una pequeña sombra cruzaba por mi cabeza y no sentía más los rayos del sol sobre mí.
-¿Qué haces aquí?- me habló una pequeña voz que hacía que sonriera intencionalmente.
-Uh- no sabía quién era aún, así que de nuevo puse atención hacia la silueta que estaba enfrente y vi con claridad ese hermoso cabello que a mí me gustaba mucho.
-Creí que aun estabas por venir, pero ¿por qué estás tan cansado?
Aun no podía contener la respiración, se lo quería contar tan rápido como pudiera, pero mi cansancio me lo impedía.
-¡Quédate aquí!- me advirtió- te traeré algo de tomar, ¿está bien?
Aun no podía hablar, jadeando asentí con un movimiento en mi mano. Estaba tapándome los ojos con mis brazos y sentí como el aire estaba cruzándose sobre mí; la verdad nunca sentí el viento de forma tan dulce… tal vez sea porque me ayudaba a recuperarme.
-¡Aquí está, tómatela!-Me empezó a levantar poco a poco con su brazo en mi hombro, la verdad cada vez que lo sentía provocaba que mi corazón latiera muy rápido y eso a mí me gustaba, aun quería sentir cómo esas cosquillas en mi estomago me hacían temblar, me hacía sonreír, me hacía gritar por dentro, me hacía imaginar en muchas cosas, me hacía pensar en su rostro, en sus ojos, en Gabriel.
-¿Por qué no te lo tomas?- me preguntó, su mirada me seguía con la mía, el no los apartaba ni en un segundo. No me atreví a decirle que si bebía lo que me trajo, se acababa la magia de ese instante.
-No es necesario-dije-creo que estoy bien. Te debo de contar algo.
-¿Ah sí?-Levantó las cejas con su mirada confundida.
-Debemos irnos a otro lado, es que… cómo te lo puedo explicar… no quiero que me vean aquí ¿sí?, por eso necesito que nos fuéramos a pasear a otro lado, ¿Qué te parece?
-Sí, sí- empezó a mover su cabeza de manera acertada- por mí no hay ningún problema, pero la verdad ya me entró la curiosidad, ¿Por qué debemos irnos?-Aun seguía sus ojos sobre los míos con una intensa curiosidad.
-Después te lo platico, ¿está bien?, pero debemos irnos, la verdad no es muy seguro estar aquí.
-Mmmmm- después empezó a voltear a su alrededor, tratando de buscar algo.
-¿Qué buscas?-pregunté.
-Ando pensado en qué lugar ir.
-Pues vamos caminando, quizás encontremos algún bar o yo que sé.
Después lanzó una pequeña carcajada y de nuevo me empezó a mirar a los ojos. Fue tan intenso para mí que tuve que esquivar sus miradas para no tratar de caer en ellos y hacer alguna tontería.
-Quizás…- me empezó a agarrar al hombro y empezamos a caminar en dirección contraria- estarás más seguro si nos iríamos para mi casa, ¿Qué dices?
-¿Aaaaa… tttttuuu… casa?-tartamudeé y aun seguía mirando hacia el piso, no podía seguir viéndolo a sus ojos.
-Sí, si dices que no quieres que te vean, es mejor que nos fuéramos para mi casa, además como que hace mucho sol aquí y pues te ves cansado, quizás sea mejor irnos allá.
Intenté aun mantener la vista hacia el piso; la verdad todo lo que me dijo me dio una cierta sensación de vergüenza; aun seguía cansado y el tenía razón: puede ser muy vergonzoso andar en la calle con la imagen que tenía y además me convenía que mis padres no me vieran aquí, y su casa estaba un poco lejos de aquí.
-Está bien- al mismo tiempo que lo dije quise ver la reacción de Gabriel cuando asentí- pero vámonos de una vez.
Una pequeña sonrisa lanzó en su mirada; fue tan dulce y sensual a la vez que cuando él sonrió no quise apartar mi mirada de su sonrisa ni por un minuto: lo quería contemplar por cada segundo que pasaba.
Gabriel se paró por la avenida y esperó a que pasara un taxi, así sería más rápido para llegar a su casa. Yo estaba detrás de él, tratando de observar en todos lados para que nadie me viera con él; quise disimularlo, pero la verdad no era muy buena para eso. En un momento, su brazo de nuevo me tomó por la espalda y me dirigió hacia el coche; entré como si nada y me coloque al lado de la ventanilla; me gustaba ir siempre en ese lado, así podía mirar todo lo que me rodeaba y mirar los colores, la gente todo lo que se cruzaba frente a la ventana.
-Ahora, -empezó a acomodarse en su asiento y me envió una pequeña sonrisa; reaccioné al mismo tiempo y sonreí -ya que vamos a mi casa, ¿qué iremos a hacer ahí?
De pronto mi mente recobro algunas imágenes, imágenes en las que yo y Gabriel estábamos sentados viendo la televisión y yo estaba recostado en él y él estaba comiendo algunas palomitas; cuando pasaban los comerciales aprovechábamos para besarnos y acariciaros por un buen rato, él acariciando mi cabello y yo el suyo, abrazándonos y sintiendo cómo el contacto de nuestro cuerpos era cada vez más excitante…
-¿Qué iremos hacer?...-lo dijo como si estuviera platicando él mismo.
-Yo diría- estaba recapacitando después de imaginar las ideas que tuve -que es mejor que lo que se dé… ¿me explico?
-Sí, está bien- después me lanzó un pequeño guiño en su ojo azul que reflejaban mi sombra en él.
Aun no llegábamos a su casa; mientras avanzábamos miraba por la ventana y observaba los pequeños arboles que estaban en las avenidas. En donde vivía había pequeños parques forestales, así que lo único que podías ver en la carretera eran árboles y grandes cantidades de pasto y muchas cosas así, y eran lugares muy concurridos, así que se podía ver mucha gente en ese pequeño lugar.
Aún seguía viendo los arboles y las aves aunque poco a poco disminuía su cantidad a medida que avanzábamos; después observaba las casas que estaban en la carretera, parecía que ya estábamos entrando al otro municipio y aun así me estaba preguntando cómo era posible que llegara temprano Gabriel a la casa si él vivía lo bastante lejos.
Las casas eran grandes y cada una tenía su propio estilo y la mayoría de los colores que escogían eran fluorescentes ya sean amarillos, rojos, y por supuesto azules, tenía la impresión que estaba viajando en una pequeña maqueta construida por una niña de 6 años, las casas eran tan hermosas que parecían que eran de juguetes.
Gabriel se empezó a estirar tratando de buscar en su pantalón su billetera para pagar al taxista; yo ya deseaba que terminara el recorrido, pues no me gustaba estar mucho tiempo en un carro, aunque eso dependía de qué vista tenía yo.
El coche se detuvo y dejó de sonar su motor, Gabriel fue el primero en bajar y después se dirigió a una puerta de hierro que estaba al lado del coche; me tardé en bajar ya que mis pies estaban dormidos por tanto tiempo que estuve en el coche. Bajé y vi una casa de color verde pastel; otra parte de la casa tenía adornos de flores de color blanco; la casa estaba preciosa y al primer vistazo que di me enamore de ella.
-¡Llegamos!-dijo Gabriel con su voz entusiasmada.
-Tu casa está preciosa- le dije mientras inspeccionaba cada detalle de ella: los adornos, el pequeño patio que tenía enfrente.
-Gracias- lanzó otra pequeña sonrisa y levanto las llaves, las introdujo en la cerradura y me dio permiso para que entrara primero. Al entrar quise nuevamente asomarme a su mirada; él aun estaba feliz y yo, por supuesto, también.
Empecé a recorrer un pequeño corredizo de piedra que estaba pintado de color verde, supongo para que resaltara con el pasto que estaba al lado; después una puerta de madera, que era la entrada de su casa, que tenía unos pequeños pedazos de vidrio formando la figura de una rosa.
Él abrió de nuevo la puerta y me dejó entrar. Lo primero que vi era la sala, y al lado había una puerta, que creo era la cocina, pues algo como eso dijo él detrás de mí, aunque no me pareció importante; más allá había unas escaleras hacia donde estaban las habitaciones.
-¡Mira!, iré a recoger algunas cosas en la cocina; si quieres puedes entrar a mi cuarto, solo debes subir a las escaleras y en la primera habitación que veas es esa, y si quieres puedes dejar tu chaqueta aquí ¿ok?
-Sí- respondí, y me di vuelta hacia la sala para dejar la chaqueta ahí de aventón mientras caminaba hacia la escalera y me apresure en subir; cuando ya estaba arriba seguí por un pasillo largo; encontré la habitación de Gabriel, no esperé mas y entré de golpazo.
-¡¡Pero qué…!!- dije asombrado por todo lo que veía a mí alrededor: todo el cuarto estaba cubierto de pequeñas pinturas hechas a mano, otras en carboncillo muchas de las que no sabía con qué técnicas fueron hechas. La mayoría de los cuadros eran imágenes de paisajes o de esculturas, y estaban realmente asombrosas. Me dio la tentación de seguir viendo que más sorpresas había en su cuarto.
Después mire hacia un lado de la puerta: había un pequeño acuario donde solo habitaban dos pequeños peces. La verdad no sabía de qué clase eran, pero se veían muy hermosos también; encontré su pequeño alimento y me entretuve dándoselos poco a poco.
-Son tropicales-el susurro atravesó mis oídos atrás de mí y me incorporé de lo más rápido.
-¡Pues se ven geniales!-dije con asombro.
-Gracias- y de nuevo lanzó esa sonrisa que tanto me gustaba. -Y pues traje unos sobres de papas fritas, ¿gustas?
-Sí, gracias- agarré la bolsa, pero la verdad no tenía ganas de comer algo, solo la dejé al lado de un escritorio en donde estaban su computadora y uno montón de libros ordenados en filas.
-¿Te gusta leer?- le pregunté mientras agarraba el primer libro que me encontré.
-Sí, bueno cuando tengo tiempo me pongo a leer, pues soy de los que leen un libro completo en un solo día, la verdad no me gusta leerlo de partes, ¿me entiendes?
Lancé un movimiento en mi cara como asentimiento mientras observaba el título del libro que tenía en mis manos.
-“Inquieta compañía”-lo dije mientras hojeaba el libro con un gran interés.
-Es mi libro favorito, no paro de leerlo varias veces- se dirigió hacia su cama y se sentó mientras yo aun seguía leyendo el libro.
-Sabes…- empezó a hablar Gabriel. -¿Por qué no me invitas algún día a tu casa?
-¿A mi casa?-empecé a estirar mis cejas mientras ponía en su lugar el pequeño libro que tenía en mis manos -Pues cuando gustes…
-Sí, porque sería injusto que tú hayas entrado a mi casa cuando yo no he entrado todavía a la tuya- dijo eso y lanzo un pequeño guiño en su ojo.
-Gabriel- me senté al lado de él; la verdad quería preguntarle lo sucedido en el día anterior en el cine, pero la verdad aun no tenía la voluntad para hacerlo. -¿cuánto tiempo llevas con esto de la pintura?
-Desde muy pequeño ¿sabes? Mi mamá también pinta y me enseñó unos pequeños pasos, desde ahí agarre la manera de hacerlo. Siempre la veía en su pequeño taller que está en el sótano. ¿Quieres verlo?- y lanzó su mirada entusiasmada hacia la mía.
-¡¡Sí, sí, sí!!- y me incorporé rápidamente hacia la puerta de su cuarto.
-¿Y por qué la prisa?-me agarró del brazo mientras trataba de abrir la puerta. El contacto de su brazo hizo que sintiera un pequeño escalofrió y la quite de encima.
-No sé, solo es por curiosidad- miré hacia el suelo para que no pudiera ver mi reacción después de que alejara su brazo.
Abrió la puerta y se adelantó en bajar las escaleras para que lo siguiera hacia el sótano. Había una puerta que resaltaba a las demás; esa puerta estaba pintada de color rosa, un rosa pastel, y yo me quedé embobado después de observar con interés que había unas pequeñas manos pintadas en ellas.
-Son mis brazos cuando estaba bebé- inquirió Gabriel mientras trataba de abrir rápido la puerta para que no le preguntara nada más.
-¡Pasa!- noté en su cara que se sonrojó muy poco, pero eso me hizo lanzar una carcajada en mis adentros.
-¿Te estás riendo?- se puso delante de mí.
-No, solo que se ve bien la puerta- oculte mi risa lo más que pude para que se viera que estaba tratando de hablar en serio.
-Supongo que era una mala idea que vinieras al sótano - empezó a fruncir el ceño.
-¡Claro que no, Gabriel!, ya te tocará a ti ver mi casa.
Había unas escaleras que estaban de lo más grande, suponía que si uno se cayera en esas escaleras se moriría de un solo golpe mientras los golpeaba todos los escalones que tenía en ella.
-¡Ten cuidado! , ¿Sí? - agarró mi hombro para que no me pudiera caer. –Estas escaleras son muy viejas, siempre le digo a mi mamá que es mejor que las renováramos, pero ella es muy terca.
Bajábamos lentamente hasta que después de un minuto ya llegamos hacia la puerta, que no estaba pintada, solo era una simple puerta.
-Este cuarto- estaba tratando de abrir lentamente la puerta, como si se tratara de una puerta que entraba a un lugar que él también desconocía -es muy privado para mi mama, así que solo trata de tomarlo en serio.
No dije nada, solo estaba atento a que esa puerta se abriera de una vez para que pudiera ver cómo es que Gabriel se hizo un gran pintor y como es que cada una de sus pinturas me daba una cierta emoción al verlas.
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domingo
CAPITULO 5
En toda la noche no había dormido nada, supongo que solo dormí 4 horas y nada más, pero aun así no tenía nada de sueño, no tenía ni la mínima molestia en mis ojos, no tenía cansancio solo sentía “Amor” hacia Gabriel, solo podía pensar en él y en nadie más, podía recordar con perfección el aroma de su ropa, su hermoso peinado a la moda que a cualquiera podía admirar, sus pequeños pómulos que sobresaltaban su gran belleza y por ultimo sus ojos de color azul, que hacían que yo me perdiera en ellos y que me encontrara solo con él en un pequeño paraíso, y que nos amaramos por toda la vida juntos, que nos besáramos y que uniéramos nuestros cuerpos, eso era, eso es el significado que tenía en sus ojos.
Cada momento en que pensaba en él, deseaba que toda era un sueño, que solamente fuera eso, en verdad, tenía miedo a que todo eso fuera en vano, y que nada de eso hubiera pasado en la realidad, lo deseaba con toda mi vida, con toda mi alma, en verdad no quería que fuera realidad, ¿Por qué el miedo?, simplemente porque no quería aceptar la realidad de que el anduviera conmigo, sabía con todo mi corazón que eso no iba a suceder, lo sabía.
Mire un pequeño rayo de luz que hacían atravesar sobre mis cortinas y eso así que formara una pequeña lámpara en mi habitación, ¿ya habrá amanecido? ¿Qué hora serán?, no tenía ni la mínima idea, quería observar sobre el despertador, pero no tenía ganas de asomarme, ni siquiera quería levantarme de mi cama, quería seguir pensando en Gabriel, quería aun pensar en toda la conversación que habíamos tenido ayer, quería recordar cada susurro que alzaba sobre mi oreja, lo deseaba.
De pronto escuche el sonido del celular, fue tan grande la sorpresa que hizo que me cayera de la cama.
-¿Hijo? ¿Que fue ese sonido? ¿Te encuentras bien?- pregunto mi madre asustada, sabía que ese golpe se pudo haber escuchado por toda la casa.
-Sí mama, se me cayó el despertador-mentí aún cuando soportaba el dolor en mi espalda.
-¡Ten cuidado!, en cuando termines tus cosas bajas a desayunar ¿está bien?
-Sí mama-respondí mientras sobaba mi espalda.- ¿pero que pasara ahora?
Alce mi celular y empecé a ver que la luz de la pantalla estaba encendida.
-¡Nuevo mensaje!-lo decía al mismo tiempo que verificaba la pantalla-Que raro no dice quien me lo mando.
Trataba de abrir el mensaje y en ella decía así:
“Hola, soy Gabriel, espero que no te haya despertado temprano, ¿sabes? Quise saber, como es fin de semana, si pudiéramos vernos esta tarde, ¿te parece bien?”
Aun cuando trataba de sostener el celular, no pude aguantar la emoción de saltar por todo mi cuarto y gritar de la alegría en saber que era Gabriel, ¿pero como sabía mi celular? ¿Se la habrá dado Jennifer?, era de lo más lógico…
-¡Hijo! ¡Ya vente a desayunar!-habló mi padre.
-¡Ya voy!-Aun seguía gritando de la alegría.
Aun con la emoción que tenia a flor de piel, quise escribirle rápido a Gabriel antes de que mis padres vinieran por mí y me arrastraran hasta la cocina…
“Claro, por mí si saldría contigo hoy, que dices si nos fuéramos a ver en el centro del parque en San Pedro, a las 4:30, Nos vemos”
Cuando empecé a cerrar poco a poco el celular, sabía que iba a brincar de nuevo de la emoción, no lo pude contener, quería estar con él el resto del día, suponía que sería de mis mejores días que he tenido en toda mi vida, fui directo a la puerta de mi cuarto y lo abrí de aventón que hasta se escucho el golpe que le dio en la pared, baje rápidamente hacia la cocina, mis padres me miraron sorprendidos, no estaban acostumbrados en verme de esa forma tan… feliz.
-¿Y por qué estas de ese modo?-me pregunto mi madre, casi sonriendo por que le había contagiado mi alegría.
-Es que…-quise no decir la verdadera noticia, no era el momento adecuado-iré a ver a Jennifer que me tiene una sorpresa.
-¿Sorpresa?-me pregunto mi papa un poco confundido.
-¡Sí!, pero pues ya sabes cómo es ella, ¿no?-¿Cómo no se me habría ocurrido algo mejor?
Pasaron unos minutos, mientras mi papá estaba leyendo el periódico, mi mamá estaba alistando, de nuevo, la lista de productos que iba a comprar en el supermercado.
-¿Y te tardaras?-después contesto mi padre.
-Supongo que sí, la verdad aun no sé, pero cualquier cosa les hablo por celular, ¿está bien?-intente cerrar de una vez la conversación.
-Por cierto, te hablo Angélica, quería que la llamaras-lo dijo después de que termino de realizar la lista.
-¿Angélica?, ¿No te dijo que quería?- lo dije mientras estaba un poco aturdido.
-No, pero se veía que era algo importante, ¿Por qué no la llamas?
-Es que… está bien ahorita la llamó.- lo dije un poco desanimado.
Angélica es una compañera de mi clase, es inteligente, guapa, sincera, divertida, todo lo positivo que tú quieras agregar ella es así, la conocí un poco después de que yo entrara a la escuela, la conocí cuando estábamos juntos en la misma clase de pintura, y nos sentábamos en el mismo lugar, el caso es que también nos hicimos muy amigos, teníamos los mismos pensamientos, los mismos gustos, el problema que tengo con Angélica es que ella está enamorada de mí, cuando me entere de eso, siento que a ella la empecé a ver de modo diferente, ya no la vi igual y me lastima tantas veces cuando estoy con ella, no quiero jugar con sus sentimientos, pero es que tampoco puedo confesarle mi gran secreto, ese secreto que no me permite ser libre con los demás, me duele en verdad.
-¿No la piensas llamar?-me aviso mi mamá cuando vio que aun seguía pensando en ella.
-Sí, sí, es que estoy tratando de averiguar porque me quiere hablar-murmuré.
-¿Oye?- después de que mi padre dejo de terminar de desayunar, se levanto y se dirigió hacia a mí-¿Por qué no andas con Angélica?, ¿podrían formar una buena pareja, no crees?
-Claro-mentí-podíamos formar una buena pareja, pero parece ser que ella tiene ojos a otra persona.
-¿Y quisieras a andar con ella?-con voz animada me dirigió unos golpecitos en la espalda.
-La verdad ya la veo con una amiga, quizás no me enamoraría de ella de cierta forma.
-Está bien-puso cara de desanimado-pero aun tienes tiempo.
¿Algún día les confesare a mis padres de que soy gay?
Acabe de terminar en desayunar cuando me dirigí hacia la sala, el teléfono no estaba allí así que me dirigí a la habitación de mis padres para saber si se encontraba ahí, estaba por subir en las escaleras y cuando la hacía aun mi mente me hacía pensar por qué Angélica me quería llamar, no había tarea o algo por el estilo, se me hizo muy extraño…
El teléfono se encontraba en la cama, así que lo levante y empecé a marcar cuando iba hacia mi cuarto para tener un poco de privacidad, me seguía hasta mi cama para acostarme de un salto, ya que estaba aun aturdido después de que me mandara el mensaje Gabriel.
-¿Hola?-me empezó a hablar Angélica.
-Hola, ¿oye? ¿Me hablaste?
-¡Sí! Claro, estaba pensando, ya que no teníamos nada pendiente en la escuela, si me podías a acompañar a una pequeña fiesta que me invitaron, la verdad no quiero ir sola y pues tú me podrías hacer compañía, ¿quieres venir conmigo?
-¿HOY?-esperaba con ansias que fuera para mañana.
- Sí, es solo una fiesta, te va a gustar- lo decía con su voz dulce como de niña pequeña.
-mmm…, pero es que tengo una pequeña cita y la verdad no sé si pueda ir- le dije de manera que mi voz sonara firme y convincente.
-¿cita?, ¿con quién?-su voz empezó a sonarse muy baja.
-Con una amiga-quería aun que se tragara todo lo que le dijera.
-Pero solo quiero que me acompañes a la fiesta, empezara a las 8 de la noche, ¡por favor!
Mi mente aun seguía bloqueado, ¿Qué hare? ¿Iré a ver a Gabriel y olvidarme de la fiesta? ¿O acompañare a Angélica a una fiesta que no me interesaba?, era lógico que quería la primera opción, pero el problema es que la mama de Angélica es muy amiga de mi mamá y si se enterara de que salí con alguien que no sea mis amigas, y peor aun si se enterara le iba a estar llamando a todas las que conocía hasta que terminara por llamar a la mamá de Jennifer y sabrá que no estoy ahí.
-¿entonces? ¿Irás?- empezó a sonar su voz un poco desanimada.
-¡Sí!-empecé a pensar bien la situación-te iré a recoger a tu casa como a las 7:30 ¿está bien?
-Por supuesto como tú quieras, que emoción, te veo después, ¡ADIOS!
-adiós.
Era mejor así, iré a verlos a los dos solo que para mi mala suerte solo tengo como tres horas como para verlo, tiempo nada suficiente para que Gabriel y yo tuviéramos algo de tiempo juntos, que va, que mas puedo hacer.
Fui directo a las escaleras y baje de manera que me veía que no tuviera el humor de hacer algo, vi que mi madre estaba en la sala viendo la televisión, me dirigí hacia ella y me senté a lado de forma un poco distante para que no la interrumpiera en su programa.
-mamá-empecé a juguetear con el control remoto.
-¿Sí hijo?-me decía con una voz distraída, no quería apartar sus ojos de la televisión.
-Parece ser que iré a una pequeña fiesta que me invito Angélica, iré después de ver a Jennifer.
-¿En serio?-aparto sus ojos de la TV un poco asombrada-¡QUE BIEN!
-Sí-mentí-entonces vendré un poco tarde a la casa.
-Tomate todo el tiempo que quieras, quiero que te diviertas tú y Angélica- me lo decía al mismo tiempo que me daba un gran abrazo, un abrazo al que no me gustaba para nada.
-Gracias-me aparte de ella- iré a arreglarme.
Cuando iba camino hacia mi habitación, me acorde que aun así podía estar con Gabriel, con solo en pensar en su nombre me hizo pensar en muchas cosas y antes de que pudiera reaccionar entre en una pequeña ilusión que me hizo que me acostara rápidamente hacia mi cama.
Estábamos yo y él en una pequeña habitación, había muy poca luz, no podía distinguir nada, más que sus ojos azules que estaban proyectados hacia mí, esos ojos a los que se me hacían muy peligrosos, esos ojos a lo que en verdad no sabía porque me hacían provocar tan gran satisfacción, me hacía sentir poderoso, sabía que los podía manejar como yo quisiera, solo estaba él y nadie más, poco a poco estaba su manos sobre mi cintura y me estaba apretando muy fuerte pero de manera dulce, después su otro brazo se dirigía hacia mi rostro, acariciando mi frente y después me beso en mi cabello, poco a poco estuvimos tambaleando en ambas direcciones y después una pequeña canción de la nada salió disparada hacia mis oídos y después sentí como Gabriel me estaba llevando hacia la música y estuve bailando con el suavemente, tan suave que sentía como mis pies estaban flotando sobre el suelo, me sentía feliz y a la vez amado por él y el hacia mí. Después de que terminara la canción, el estuvo parado así, abrazándome, por mucho tiempo, yo la verdad no supe cuanto tiempo pase así y no me importaba quería seguir estando con él, hasta que me asomo a ver su reacción y supe que él me estaba mirando con una pequeña sonrisa que le hacía ser que pareciera que fuera un ángel, pero sin alas. Después su pequeño y magnifico rostro se hacía más adelante donde mis labios estaban puestos para que el me besara, quería aventarme hacia él, pero algo me lo impedía, el se acercaba lentamente y yo aun lo seguía esperando, quería con toda mi alma que él me fuera a besar con sus labios dulces y carnosos…
Empecé a parpadear lentamente y aun seguía un poco despierto, estaba escuchando un sonido fuerte afuera de la casa, ¿pero qué será? Aun seguía preguntándome cuando poco a poco cuando aún despertaba después de mi gran fantasía que tuve con Gabriel.
-¡Hijo! – Gritó mi madre- ¡Te buscan!
-¡Si ya voy!-¿Quién trataría de buscarme a estas horas?, ya me hablo Angélica y tenía una cita con Gabriel, aun no encontraba la razón de eso.
Estuve bajando de las escalera, tratando aun de saber quién sería, pero aun no intentaba en descifrarlo, a lo mejor es alguien de mis amigas que quiere alguna tarea, que se yo. Estuve observando a mis padres en la sala aun viendo la televisión y me di vuelta hacia la entrada de la casa, abrí la puerta, pero antes de eso quise ver por la puerta quien era esa persona.
No se la verdad si era él quien estaba detrás de mi puerta o era una especie de ilusión, la verdad no tenía ni la menor idea, ¿por qué está parado Alan atrás de mi puerta?
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CAPITULO 4
Y que mas podía pensar, mi cabeza gritaba diciendo NO NO Y NO, porque tengo tan mala suerte, porque tenía que ser a fuerzas Alan y no otra persona, eso me ponía furioso, de hecho tenía ganas de irme a mi casa y dejar sola a Jennifer, ella me volteo a ver y me dirigió a mí con una pequeña sonrisa nerviosa:
-¿En serio no te sucede nada?
-No nada, solo me sorprendí que el chavo con quién andas es Alan, pero ¿desde cuándo fue que se conocieron?, ¿porque no me habías dicho su nombre?
-Hay ya por favor no es para tanto, ya mejor ahí que esperar a que vengan de hecho va a traer su mejor amigo.
-Deja adivinar, alguien que juega en el equipo de basquetbol ¿no?
-No de hecho va en otro grupo, en otro salón, no todo el tiempo están juntos, y quiere aprovechar esta ocasión para conversar, ya deja de ponerte nervioso, yo sería el que debería de ponerme nerviosa ¿no crees? – me miraba sarcásticamente.
No podía de dejar de comerme las uñas, estaba muy nervioso, ¿qué me iba a preguntar?, ¿que me iba a decir?, ¿nos dirigíamos la palabra?, ¿nos voltearíamos a ver tan solo un segundo?, ¿fingiríamos que no existimos?, eran tantas la preguntas que ninguna podía tener una respuesta acertada, que podría hacer yo, no tenía ni idea, y peor aun ¿quién sería el amigo que acompañaría a Alan?
Aun no han llegado, ¿será que Alan dudaría que yo soy el amigo de Jennifer y por eso no quiere llegar la cita?, es lo más que puede parecer, de hecho es lo más obvio, pero por que tardaría tanto, de hecho si manejarían en coche calcularía que no tardarían ni solo 10 minutos, todo esto me ponía la piel de gallina. No podía mas contener mis nervios y me dirigí a Jennifer con brusquedad:
-Oye, iré a la tienda, creo que comprare algo, ¿me quieres acompañar? ¿O te traigo algo?
-Pero por qué quieres comprar algo de la tienda si aun compraremos cosas en el cine-me vio con una mirada burlona que ya me empezaba a fastidiar-Mejor espérate, te juro que ya no tardaran en llegar, ¿oye el no es Alan? Sí es él, ya viene.
Cuando dijo que llegaba con ese sonido tan fuerte en su voz, no pude reaccionar en voltear a verlo, de hecho sentí como mi corazón se paro por solo un segundo, todo iba lento, como si fuera una película de acción, quise encontrar su mirada con la de él, pero aun no lo encontraba, toda esa gente me hacía que alcanzara a distinguir su cuerpo, no podía ver nada, hasta que al final de la calle pude apreciar como un suéter negro cubría todo su cuerpo, con unos jeans de color blanco, además que traía una pequeña mochila blanca con un pequeño logotipo que no pude entender, eso me hizo sentir algo nervioso y también a la vez me hizo sentir con una excitación placentera porque me gusto todo lo que tenia puesto. El estaba un lejos y trataba de observar si sus ojos estaban viendo directamente hacia a mí, pero no era así, estaba con las de Jennifer, esos pequeños ojos se veían con claridad que la respuesta clara era en encontrarse con ella, sin importarle que yo estaba allí.
Aun estaba aturdido, poco a poco se venía hacia nosotros, pero después aun mi corazón iba a latidos mas fuertes cuando trate de ver quién era ese acompañante tan esperado que aun seguía tratando de razonarlo en mi mente, no lo podía ver bien, aun esa gente estaba parada ahí, pero tuve la sensación de que ese rostro ya lo había visto, si ese rostro se me hacía muy familiar, de hecho que ese rostro me parecía muy angelical, ese rostro era como la de… ¿Gabriel?
-Gabriel, Alan- Jennifer se les acercaba a ellos con pasos muy rápidos- que bueno que están aquí, ¡ya era tiempo! además creo que ya está por empezar la película.
-Si eso es lo que parece-empezó Alan mientras aun no seguía viéndome, de hecho me ignoraba-pero pues ya llegamos justo a tiempo, es que mi amigo aun no estaba listo, así que decidí en esperarlo, ¿verdad?- su mirada se dirigió con la de Gabriel aun sin mirarme a mí.
Gabriel no respondía a la pregunta que le entablo Alan, es cuando me di cuenta que Gabriel me estaba observando detenidamente, su mirada me hizo sentir un poco incomodo, de hecho lo tuve que estar esquivando y tratar de estar viendo en otro lado para que no me desmayara en medio de la plaza, su mirada me hacía sentir como mariposas en el estomago, es tan hermoso, sus ojos, sus labios carnosos, su cabello, es todo un ángel…
-¡AUCH!-grite en medio de la hipnosis.
-Pues no respondes a lo que te dije- Jennifer me había pellizcado mi brazo- ya deja de estar pensado en otra cosa, ¿Cuál película quieres ver?
-Por mí no hay ningún problema-mentí-eligen la que gusten.
-Yo diría que-empezó hablar Gabriel-una de terror, me gustan como la gente les empieza a salir sangre cuando los atacan los “monstruos”.
-¡CALLA!-respondió Alan-mejor una de amor, llevo mucho tiempo que no veía una película así, ¿Qué dices corazón?-empezó a acariciar el cabello de Jennifer.
-Pues no es una mala idea, ¿Qué dices?- se dirigió hacia a mí- ¿te gustaría ver una película así?
Aun no respondía a la reacción de la voz de Jennifer, solo estaba observando cómo me afectaban desde muy dentro de mi corazón las acaricias que hacía Alan hacia ella, me dolían mucho, me sentía muy destrozado, quería voltear hacia los letreros que estaban puestos en las paredes del cine en donde estaban escritas los nombres de las películas, pero me hacía imposible, me sentía perdido…
-Creo que esté no quiere entrar al cine-Habló Gabriel.
-¡No!, es que la verdad…como que esa película se ve aburrida, mejor vemos otra cosa.-aclare las cosas para que no se viera mi sentimiento hacia Alan.
-Pero yo quiero ver esta película-hablo Alan de manera agresiva.
-¡Mira!, mejor hacemos una cosa sencilla-empezó hablar Gabriel con un tono agradable-Si él no quiere entrar al cine, lo puedo acompañar a ver la plaza mientras ustedes entran a ver la película, ¿Qué dicen?
Eso me hizo sentir atónito, como era posible que el respondiera a eso, al mismo tiempo que termino de hablar, me lanzo un pequeño guiño en sus lindos ojos, esos ojos azules que podías confundir con el tono del cielo, esa luz como el reflejo del mar, esos ojos…
-Pero la idea era verlos todo juntos-empezó a protestar Jennifer
-Sí lo sé Jennifer- empecé a hablar- pero es que la verdad no tengo humor para ver la película, mejor me echare una vuelta por la plaza, quizás te compre algo.
-¿Me vas a comprar algo?-empezó a dar saltitos en el piso-Entonces si ve, ¡corre!-empezó a lanzar una pequeña carcajada.
-Entonces así se hará-me empezó a hablar Gabriel-te acompañare.
-Bueno pero entonces en ¿dónde nos veremos?-empezó a preguntar Jennifer.
-Estaría bien si nosotros les marcáramos por el celular, aun tengo crédito, les llamaremos cuando ya salgamos de ver la película-Alan ya empezaba jalar a Jennifer.
-Si está bien-respondí.
-Adiós, nos vemos luego y cómprenme algo ¿he?-nos empezó a gritar Jennifer a Gabriel y a mí.
Mientras veía de lejos a Jennifer y a Alan en la puerta de la sala de cine, no podía pensar en que Gabriel estaba lado de mí, era algo increíble, no pensaba en que el aun así seguía a mi lado, quería preguntarle algo, pero la verdad no tenia las fuerzas de voluntad para dirigirme hacia él, hasta que de pronto empecé a escuchar que Gabriel estaba riéndose muy bajo como si estuviera riéndose a sí mismo.
-¡Qué bueno que dijeras que no querías entrar a ver la película!-se acerco hacia a mí-¡Es un poco molesto ver a una pareja de enamorados a lado tuyo mientras ves una película de “amor”, ¿no crees?
-Sssss-ííííí- tartamudeaba aun cuando trataba de que mi voz sonara delo más fuerte para que me entendiera.
-Bueno ya que dejamos de ser sus prisioneros, ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres ver algo en especial?
Aun estaba boquiabierto por la manera en que me hablaba, era él en verdad en quien me hablaba, aun sentía como mis pies me temblaban pero trataba de tener los pies firmes para no caerme hacia él, aunque no era mala idea que digamos.
-¿Estás bien?- aun acercándose más hacia mí-¿Por qué no me respondes?
-No, si te estoy escuchando, solo que la verdad no se en donde ir, creo que hoy no es mi día.
-¿Y eso?-levantando las cejas cada vez que pronunciaba con sorpresa las palabras-¿acaso porque yo te estoy acompañando? ¿Se trata de mí?
-¡No! Claro que no-mentí.
-¿Entonces cuál es el problema?
-No lo sé-suspiré-es que…
-Sí es así como tú dices-poco a poco estiro sus brazos hacia su cabeza-te propongo una idea.
-¿idea? ¿Cómo qué clase de idea? – lo miré hacia los ojos, aún no quería despegarme de ellos.
-Mientras ellos están viendo una película de amor, nosotros vemos otra película, ¿Qué dices?
-Aaaa-hhhh-hhh-aun estaba por colapsarme en el pasillo por la invitación que me enviaba Gabriel.
-Tenía por entendido que quería ver una película de ¿miedo?, quizás podríamos ver, mmm…, que te parece “La habitación secreta”, dicen que está muy buena, bueno según eso lo escuche en la televisión-lancé una sonrisa.
-No me parece mala idea-sonreía también como respuesta a mi reacción.
-Entonces mientras tú compras las palomitas, yo iré por los boletos, ¿está bien?
Trataba de poner atención a las compras que hacía, pero la verdad en pensar de que vería una película con mi amor platónico, eso me hacía sentir latir mi corazón a mil por hora, era algo inexplicable, pero lo deseaba sentir, aprovechaba cada sensación que hacia transmitir mi cuerpo y paralizaba mi mente, ni sabía que aun la cajera me preguntaba que comprar.
-¿Oye?- un pequeño susurro se deslizaba por mi oído- ¿No deberías de decir dos bolsas palomitas por favor?
-¿he?-trataba de mirarlo, pero su susurro me hizo paralizarme de nuevo, era muy acogedor escuchar su voz.
-¿Pues en que tanto piensas? ¿Por qué parece que tu cuerpo está aquí pero tu mente está en otro lado?
-Es que estaba pensando en…-de pronto en un instante estuve por asomarme sus ojos, y vi con claridad que esos ojos estaban a la dirección de mis ojos de tal forma que expresaban conmoción hacia a mí, como si Gabriel estuviera poniendo atención a cada palabra que yo pronunciaba, como si una parte de él intentaba querer saber más de mí, no lo sé-es mejor que nos apuremos-me precipite en decirlo lo más rápido posible para que sus ojos no me tragaran por completo.
-Sí claro-me miro confundido.
Estábamos subiendo por las pequeñas escaleras que estaban a lado de los asientos de la sala, estaba por irme al medio de la fila, pero de pronto vi que Gabriel me dirigía hasta la parte de atrás.
-¿Atrás?-le dije.
-Si es que la verdad a veces es incomodo que otras personas te estén mirando cuando…-empezó a inquietarse un poco.
-¡Ah! Claro no te preocupes-intentando ir a su ritmo me dirigí hacia los asientos de atrás.
-¿Aquí está bien?-le dije.
-¡Perfecto!-me respondió con una pequeña sonrisa.
No sé cuánto tiempo fue que paso la película, pero fue toda una eternidad y la verdad eso fue lo que más me gusto, no tuve ni la mínima idea de que se trataba la película, y no me interesaba, tampoco no me acordaba cuando fue el último sorbo que tome de mi refresco, y eso tampoco me importo, ni el ultimo bocado de palomitas, lo que sí recuerdo son las miradas que intercambiábamos entre Gabriel y yo, esas miradas juguetonas cuando teníamos el presentimiento de que algo estaba por suceder en la película y que era muy seguro que la gente de la sala estaban por gritar, lo más curioso es que Gabriel parecía que tampoco le importaba lo más mínimo, solo estaba como… fascinado.
Estábamos por salir de la sala y nos dirigíamos a las escaleras eléctricas para poder reencontrarnos con Jennifer y con Alan, Gabriel estaba con su bandeja de comida que ya estaba por tirarla en el bote de basura, por lo que yo estaba encontrando mi celular para hablarle a Jennifer.
-¡ESPERA!-me gritó desesperado-¿Qué haces?
-Estoy por marcar a Jennifer para avisarle que ya salimos del cine.
-¿tan pronto? ¿Qué no podemos recorrer un poco la plaza?-lo decía un poco nervioso
-Pero es que ya está oscureciendo, no creo que sea una buena idea, pueda que…-de pronto sentí como su brazo se cruzo entre mis hombros, en ese instante no pude terminar mi frase, solo estaba sintiendo como ese brazo me hacía sentir de los más delicioso que pude haber sentido antes.
-¡Vamos!, no vamos a tardar mucho-cada vez que hablaba su brazo me apretaba más fuerte-es que la verdad opino que el cine no fue una buena idea para poder haber discutido algo ¿no crees?
-¿y por qué quieres saber de mí? ¿Por qué ahora?-empecé a sentir un poco de duda.
-No lo sé, pero supongo que es una buena ocasión para hacerlo.
-¡Esta bien!, ¿A dónde quieres ir?
-Solo camina- me dirigió su brazo hacia la salida del cine.
Estábamos recorriendo por toda la plaza, mientras toda esa luz que proyectaba la luna, hacía que todas luces fueran como pequeñas estrellas que invadían por toda las flores que estaban en nuestro alrededor eran tan hermosas que cuando miraba sobre el rostro de Gabriel, el lucía como un pequeño príncipe de los que siempre aparecen en los cuentos de hadas, era tan irreal sus facciones de su rostro que me hacían sentir un poco intimidado por toda la belleza que asechaba en él.
-¿Y desde cuando fuiste su amigo?-se dirigió hacia a mí con un pequeño susurro que apenas pude distinguir lo que dijo.
-¿De Jennifer?, no mucho, fue cuando entre en la preparatoria, ¿puedes creer que ya hayan pasado los tres años?
-Sí-suspiro-fue tan rápido, creo que extrañare cada momento que pase por toda la escuela, las fiestas, los amigos, supongo que hasta de las clases-alzo una pequeña carcajada. -¿y tú? ¿Qué extrañaras de la escuela?
-Supongo que lo mismo, solo que la verdad no he disfrutado del todo bien en la prepa. -quise esforzarme para que no me sonara un poco malhumorado.
-¿Y eso? ¿Puedo saber el por qué?-se acerco un poco mas hacía a mí.
-Es que…-de pronto me detuve en la pequeña caminata que hacíamos entre Gabriel y yo- mira, es difícil que una persona en la que ponga atención en la clases, o el que cumple con los trabajos, pueda formar una relación social con los demás, ¿me explico?
-No puedo entender perfectamente a lo que te refieres.- empezó alzar las cejas poco a poco
-Digamos que, yo soy… por decirlo que soy…
-¿nada sociable?- intervino.
-Podría ser algo así, pero a mí me gustaría decirlo como “extraño” , bueno a lo que te decía es que es difícil relacionarse con los demás porque lo ven como aburrido, sin nada que decir, el chico al que siempre lo ves con libros-después sentí como mi corazón palpitaba muy rápido, como si en verdad lo podía sentir muy a fondo todo lo que sentía, en verdad todo lo que decía me afectaba, creo que hasta sentía que una lagrima salía de mis ojos.
-Entonces- inquirió su postura- ¿la gente te ve así?
-Sí-suspire muy alto mientras trataba de ver hacia el cielo oscuro, hacia las estrellas que aun seguían iluminando toda la plaza.
-¿Sabes?-después me agarro de hombro dirigiéndome hacia unos pequeños asientos que estaban al lado del jardín-No creo que tú seas el chico aburrido al que todos piensan, en verdad, creo que me pareces genial, eres alguien a quien puedes platicar si aburrirte por nada del estilo, no puedo creer que la gente piense eso de ti. –empezó arrinconarse hacia a mí, como si sus palabras en realidad expresaban lo que el mismo sentía, todo lo que decía tenía un cierto sentido para mí.
-Gracias-le dije mientras trataba poder tranquilizarme, cuando de pronto como la lágrima recorría por toda mi cara hasta llegar al suelo y la gota de lágrima que choco contra el suelo hizo que él se incorporara en mi cara.
Pareciera que todo ese pequeño tiempo que pasamos entre él y yo, era de una forma tan agradable que me hacia sentir como si no existiera nada como si en verdad solo estábamos él y yo y eso me hacía sentir maravilloso, quería seguir estándolo así y que nunca acabará, quería estar con él, en verdad lo quería y veía como sus pequeñas pupilas se abrían mas y mas, y como sus latidos igual se hacían más rápidos, no entendía lo que pasaba, pero eso me hizo sentir un poco irreal y dulce. Aun no sabía cuánto tiempo había pasado pero aun así nosotros aun nos quedábamos mirando, el uno para el otro, como si en verdad sentíamos una cierta conexión, de pronto cuando estuve por limpiarme mis ojos él se incorporo hacia a mí, pero de un modo diferente después tomo su brazo hacia mis hombros como si intentara abrazarme, ¿en verdad mi lagrima es para tanto como para que él me abrazara?, y fue cuando él me empezó a mirarme a los ojos de nuevo, no tuve tiempo para reaccionar, solo sé que intentaba descifrar con su mirada del porque hacia todo esto, quería tener una explicación, pero mi mente no pensaba, aun estaba aturdido por el abrazo que él me estaba dando.
-¡Así que están aquí!-hablo Jessica sorpresivamente atrás de nosotros.
-¿Y cómo les fue la película?-me levante tan rápido que hizo que Gabriel tardo en levantarse.
-Fue toda cursi-el gesto de Jennifer fue desagradable cuando se dirigió a Alan-¿verdad?
Pero Alan no respondía solo estaba viendo a Gabriel de una forma diferente
-Es mejor que nos fuéramos, ya es muy tarde-intervino Gabriel.
-Sí, es mejor-respondí después de que pude ver como Alan aun así seguía viendo a Gabriel de forma furiosa.
-¿Te irás conmigo Alan?-Jennifer empezó a acariciar el rostro de Alan de manera que él volteara.
-No, es mejor que vayas con tu amigo-me dirigió con una mirada de disgusto.
-Está bien-hablo Jessica de forma que no sospechaba nada entre sus miradas.
-Bueno entonces nos vemos en la escuela-hablo Gabriel inquiriendo una pequeña sonrisa.
-Sí se cuidan los dos-hablo Jennifer con una sonrisa muy alta.
-Ya vámonos-hablo Alan mientras él se ponía a espaldas de nosotros.
Jennifer y yo estábamos esperando un taxi hasta que ella me empezó a habar de manera que me contagiaba su alegría.
-fue tan romántico-poco a poco pareciera que se iba desmayar en medio de la calle.
-¿En serio? Pareciera que Alan no estaba del todo feliz.-le dije.
-No es que Alan al parecer tiene otros asuntos, pero en todo el tiempo fue muy dulce conmigo ¿y tú qué tal? ¿Es buena onda Gabriel?-me empezó a preguntar de manera que quería sacar mucha información sobre él.
-Es muy aburrido ¿sabes?-mentí-creo que nunca podría ser su amigo y no lo desearía que lo fuera.
-Que lastima-su alegría se desvanecía-creí que era un chavo genial.
-Un chavo genial….-suspire- si eso creí.
Publicado por ojos verdes ojos azules ¿en verdad crees en el amor? en 16:58
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