domingo

CAPITULO 10


Los días pasaron, son los mejores días que he pasado en toda mi vida, a lado de Gabriel las cosas son mágicas, no son mágicas, son más que eso, son como si en verdad sintiera el valor del amor y que viéndolo así, no me separaría de él ni por un minuto, solo somos él y yo, nada más…

El día estaba caluroso, no podía más en aguantar el calor que estaba invadiendo por toda la ciudad, en realidad toda la gente se mantenía con solo una playera y unos buenos shorts para salir, pero eso no era mi estilo, yo mantenía mis jeans, no me gustaban enseñar mis pies, los odiaba.

Gabriel y yo aun manteníamos distancia a cuanto salíamos a la calle, en verdad no queríamos que alguien nos fuera a dirigir el dedo y que causaran problemas, Gabriel sabía que algún día iba a pasar pero yo no lo deseaba, en tal caso que fuera a suceder nos teníamos que ir muy lejos de aquí y hacer otra vida.

Era día de clases y yo ya estaba sentado en mi pupitre esperando la llegada de la maestra, ya que mis amigas aun no estaban presentes, estaba aburrido, ya no soportaba estar más sentado sin hacer nada así que salí por unos momentos al patio para distraerme un poco. Estaba el sol tan fuerte que la mayoría estaban arrinconados en las pequeñas sombras que proyectaban los arboles del patio, ya no había lugar así que me quede en medio del patio sentado viendo la esperada llegada de mis amigas.

Estuve observando por todo mi alrededor viendo que mas podía ver, estaba él, Alan sentado con sus amigos, él y yo ya no hemos platicado desde el día en que fui a su casa, en verdad extraño la manera en que platicamos, pudimos haber sido muy buenos amigos, pero él no lo quería, él quería que estuviera con él como novio, pero desde que ha pasado todo este tiempo no creo que eso ya fuera a pasar.

Me volteo a ver pero por un segundo esquivo la mirada de forma nerviosa, quizás es porque aun no lo ha superado, siempre cuando voltea trato de saludarlo con la mano o con una pequeña sonrisa, pero él no me da ninguna respuesta. Después me di vuelta hacia el salón que entraba Gabriel, estaba a dos salones del mío, estaba él con otros compañeros de su clase, sabía que me estaba viendo, nunca quita la mirada contra la mía, le mande una sonrisa que me hizo que me sonrojara un poco, el me vio y al tiempo en que sus amigos vieron hacia otro lado, me lanzo un pequeño beso con una sonrisa muy característica de él, de nuevo me sonroje y rápidamente volteé hacia el lado contrario para no dejar sospechas.

Sentí como mi pantalón lanzo un pequeño movimiento que hizo que me despistara un poco, note que mi celular estaba vibrando como respuesta de un mensaje, quizás fuera alguna de mis amigas, no lo sé, levante mi celular y leí el mensaje con cuidado.

“Mis amigos se fueron a dar un paseo, estoy solo, nos vemos en el centro atentamente Gabriel”

Con solo leer el mensaje eso me hizo que me alegrara el día, sabía que tenía que correr antes de que la profesora llegara antes de que ella tomara clases, fui tan rápido en la entrada de la escuela y de ahí hacia el centro que solo estaba a unos minutos, quería volverlo a ver, quería ver esa sonrisa que tanto me gusta, estaba emocionado, en verdad quería verlo.

Lo vi sentado en unos asientos que estaban un poco alejados de la gente, el me vio y lanzo una sonrisa de entusiasmo y lanzo los brazos hacia a mí como respuesta de un abrazo, corría más rápido y lo abrase tan fuerte que hizo que se callera en el asiento con suma fuerza.

-¡AUCHH!- gritó después del golpe.

-Perdóname, ¿te lastime? ¿Estás bien? No fue mi querer te lo juro.

-Creo que ya no debería mandarte un mensaje o recibiré otro golpe como esté – me lanzo una carcajada tierna.

-Es que casi ya no nos vemos, siento que han pasado muchos años sin estar contigo, antes ibas muy seguido a mi cuarto, pero…

-Perdóname bebe, pero tú sabes que no podemos hacer que la gente sospeche, si te hice que te sintieras mal te pido una disculpa – su mano hizo que me acariciara por todo mi cabello, en verdad su contacto cálido de sus manos hizo que toda mi piel se pusiera muy nerviosa.

-No te preocupes, en verdad creo que me debería acostumbrar - mi mirada miro al suelo, tratando de que no se diera cuenta mi expresión de pocos amigos.

-No por mucho tiempo – me beso en la boca en forma de despedida, sus labios carnosos hicieron que mi mente se volviera a ir y de olvidarme de todo lo que sucedía, era tan suave y delicioso que lo disfrutaba a cada minuto.

-Debo irme, mis amigos no iban a tardar mucho ¿sí? – se separo de mí tratando de que yo no lo impidiera.

-Está bien – dije mientras me arreglaba toda mi ropa y que todo estuviera en orden.

Trate de voltear hacia otro lado para hacer que nada hubiera pasado, cuando recordé de mis clases reacciono mi cuerpo y corre tan rápido como antes, esquive todos los coches que estaba a mi paso y también de la gente, pero estaba feliz por una parte porque al menos lo pude besar y estar un tiempo a solas con el pero estaba triste porque solo fue por unos minutos, ya estaba en el salón cuando observe que todos estaban adentro, pedía con todas las fuerzas del mundo que la profesora no estuviese allí, pero eso no paso, ella ya estaba allí dando su clase.

Entre tratando de no interrumpir las clases, pero las miradas de todos y los susurros que escuchaba hizo que le profesora se diera la vuelta para mirarme

-¿Por qué tan tarde? – dijo la profesor con su voz dramática que tanto odiaba.

-Fui a la orientación, tenía que hablar con los orientadores – me senté en medio de mis amigas, se veían un poco extrañadas ya que no estaban acostumbradas a verme entrar tarde en las clases.

-Sí claro – dio media vuelta la profesora, se dirigió hacia el pizarrón y de nuevo tomo su clase.

-¿En dónde estabas? – Dijo Jessica un poco sorprendida - ¿te estuve buscando por todos lados?

-¡Sí! ¿A dónde fuiste? – dijo Mónica también con la misma expresión.

-Tenía que ver con la orientadora, ya lo dije – quise que mi voz sonara más seguro para que ellas me dejaran de preguntar, y así lo fue.

Las dos intercambiaron miradas un poco confusas, pero no llegaron a sospechar, me puse muy tranquilo y en verdad solo me ponía a ver la cara de la maestra por mucho rato, hasta que me acorde de Alan, lo fui a ver tan rápido como recordé su nombre y el estaba ahí, me estaba mirando y no podía dejar de mirarme, él sabía lo que pasaba, su cara se veía todavía más enojada y se podía ver como su mandíbula lo estaba apretando con más fuerza, podía distinguir como sus ojos estaban llenos de furia, no le quise darle más importancia y de nuevo mire a la maestra, pero en mi mente sabia que Alan estaba muy furioso.

La clase paso muy rápido, estaba un poco emocionado para ver de nuevo la cara de Gabriel, estaba jugueteando con las pisadas de mis pies y solo miraba en el reloj, de pronto escuche como una persona tosió un poco fuerte y cuando me di cuenta los demás me estaban mirando con cara de confusión, creo que mis pies estaban sonando un poco fuertes, me avergoncé y solo mire el reloj de nuevo.

-Tranquilo ¿Qué sucede? – dijo Jessica de nuevo con la duda en alto.

-Nada, solo que hace mucho calor aquí y quiero salir – estaba controlando mi nerviosismo pero aun así mi voz temblaba.

-Dinos la verdad – Jessica puso cara de pocos amigos.

-No pasa nada, solo tengo calor y punto.

La clase había terminado y la profesora salió, cuando todos estaban estirándose después de tanto estar sentados yo salí como en rayo y me fui directamente al patio para ir a ver a Gabriel desde abajo, aun no estaba él, la puerta estaba cerrada, estaba triste y solo me dirigí de nuevo hacia el salón.

Todos estaban sentados y platicando al mismo tiempo, muchos estaban hablando sobre lo que hicieron en los fines de semana, otros estaban contando chismes sobre sus actores preferidos, otros solamente estaban hablando de los planes que irán a hacer en la tarde, mis amigas estaban hasta la esquina y estaban hablando sobre lo que iban a hacer en la graduación.

-¿Y tú? ¿A quién invitaras? – me dijo Mónica un poco entusiasta, en verdad todo eso de la graduación la ponía muy emocionada.

-Aun no tengo a quien – de nuevo me dirigí hacia Alan para ver lo que estaba haciendo, pero él no estaba, quizás se fue con sus amigos.

-Yo iré sola – suspiro Jessica -no saldré con alguien al menos que sepa que él es el correcto.

-¿Deberías? – Dije mientras veía como Jessica se puso más triste - quizás deberías de salir con alguien.

-No sé – Jessica estaba mirando hacia el suelo tratando de pensar en qué hacer.

-Quizás te invita alguien – dijo Mónica con una voz alegre tratando de apoyarla – nunca se sabe lo que podía pasar.

-Puede ser- Jessica lanzo una sonrisa pero no tanto como para que ella estuviera feliz.

Las primeras clases pasaron muy rápido, solo estaba atento a lo que decían los profesores nada más y tratando en no pensar más en Gabriel ya que perdía mi mente en todo ese mundo mágico que me hacía soñar.

De nuevo no había señal de Alan, ¿Por qué siempre pienso en él?, yo se que nunca podríamos estar juntos y poco a poco estoy perdiendo toda esa atracción que tenia hacia él, ¿pero porque aun lo sigo pensando?

El receso era normal como siempre, siempre andábamos en el centro tratando en que pensar para comer, siempre pedía cosas sencillas como sándwich, unas frituras o algo por el estilo, no me daba mucha hambre en la hora del receso, sin en cambio siempre ellas compraban demás y siempre terminan con comer poco.

-Estoy aburrido – dije mientras ellas terminaban de comer en un pequeño restaurant que nos detuvimos al pasar por nuestra calle preferida.

-Yo también – dijo Jessica mientras trataba sacar de su bolso el dinero para pagar la cuenta.

- ¿Y qué hacemos? – preguntó Mónica.

-¿Por qué no pasamos por un centro de juegos? Podemos jugar varias cosas ¿no?

-A lo mejor – dijo Jessica un poco dudosa.

Íbamos los tres hacia los juegos donde te podrías encontrar a todos los chavos de las diferente escuelas, a veces e ponía divertido ya que ponías en echarte un buen taco de ojo, pero solo era eso, nunca trataba de hacer una plática con alguien ya que mi sensor no me servía muy bien que digamos.

Allí estaban, cada unos estaba jugando lo que más les gustaba, pero muchos estaban en las maquinas de carreras y también de peleas, no encontramos a nadie de nuestra escuela, quizás estaban haciendo algún trabajo, quien sabe.

-¿Qué jugamos? –dijo Mónica con su sonrisa que hacía que los chavos luego la voltearan a ver rápidamente.

-De disparos – dijo Jessica mientras ye se dirigía hacia la maquina.

Estuvimos un buen rato jugando y divirtiéndonos hasta que de pronto vi como Gabriel paso a lado mío sabiendo que yo ya estaba allí. Me acaricio la espalda rápidamente para que nadie nos volteara a ver, yo me sonroje y me di la vuelta hacia la pantalla de la máquina de disparos.

-Ya no quiero jugar más – dijo Jessica mientras volteaba a ver que mas podía jugar.

-Por qué no… - dije mientras trataba de ver en donde se coloco Gabriel – en la de peleas, se ve divertido.

-Pero yo no sé jugar a eso – dijo Jessica con cara disgustada.

-Yo tampoco- dije con risa burlona.

Nos dirigimos a lado de Gabriel, me miro y lanzo una pequeña carcajada, sabía que eso lo divertía más pero al mismo tiempo se veía asustado por la reacción de sus amigos, yo hice lo mismo así que solo me volteé tratando de ver como Jessica jugaba.

-No puedo- dijo Jessica tratando de pelear con su enemigo - ¡ayúdenme!

Mónica y yo empezamos a reírnos y vi que Gabriel hacia lo mismo.

-Yo te ayudo – dijo Gabriel haciendo paso a los demás.

-Por favor – dijo Jessica poniéndose a lado de él.

Gabriel movía con facilidad los controles, al parecer él ya tiene una cierta experiencia en eso. El movimiento de sus manos y la atención que ponía hacia la pantalla me hizo que me ilusionara aun mas con él, parecía como un niño chiquito jugando en una simple maquina, se veía tan tierno, trataba de no verlo mas pero se me hacía imposible, no podía apartar esa dulce cara que tenia él.

-Ya vámonos – dijo Mónica mientras veía su celular – ya es tarde.

-Sí – dije mientras jalaba a Jessica hacia la salida.

Gabriel no volteó de hecho se quedo aun jugando, eso me hizo sentir mal.

-Ya no volveré mas ahí –dijo Jessica mientras cada vez se ponía más dramática – no se jugar nada de eso.

-Debiste de haberte visto como jugabas a comparación de Gabriel – lancé una carcajada amistosa mientras abrazaba a Jessica con ternura.

Estuvimos en la escuela no por mucho tiempo, al parecer se había cancelado las ultimas clases por una cierta junta que tenían los profesores, eso me hizo brincar mas de alegría, quizás tenía más tiempo de ver a Gabriel en el centro o quizás en mi casa, me puse feliz.

-¿Qué irán a hacer? – dijo Jessica mientras guardaba su carpeta en su mochila.

-No se – dije mientras trataba de recordar de que Gabriel quizás no estaría conmigo esta tarde.

-Por qué no vamos a mi casa – dijo Mónica mientras acomodaba sus cosas de igual manera.

-Sería genial – dijo Jessica - ¿Qué dices?

-Sí claro – dije mientras trataba de tener una cara entusiasta.

Salimos de la escuela rumbo al coche de Mónica, estaba estacionado enfrente y entramos con rapidez.

-¿O mejor vemos una película a la plaza? – pregunto Jessica mientras intentaba ponerse el cinturón

-No – dije mientras me hacia recordar los momentos que tuve con Gabriel – es mejor ver una película en tu casa Mónica.

Mónica asintió y se fue directo a la tienda de películas. En todo el recorrido estuvimos platicando aun lo de la graduación, sobre lo que iremos a comprar o sobre a con quién deberíamos de salir, pero yo me perdí en la conversación rápidamente y saque mi celular para mandarle un mensaje a Gabriel.

“Te extraño”

Esos eran las únicas palabras que se me ocurrieron escribir, no había nada más. En verdad eso quería.

Cerré mi celular tratando de que mis amigas no se hubieran dado cuenta de lo que hice pero al mismo tiempo vibro mi celular inesperadamente, ¿Tan rápido me contesto él?, abrí mi celular y leí el mensaje que me habían mandado:

“Morirás”

CAPITULO 9

-¿Qué dices? – pregunté sorprendido por lo que me había dicho Alan.

-Que estoy enamorado de ti – frunció el ceño.

-¿Cómo paso esto? – pregunté de manera angustiada, ¿acaso era bisexual?

-El día en que te vi en el cine me gustaste, todo el tiempo en que estuve con Jessica me sentía mal por no haberte ido contigo en la plaza y después cuando acabó me fui directo a ti a verte, pero no sabía que estarías comportándote de esa manera tan dulce con Gabriel y eso me hizo sentir celos- su postura aun era rígida y evitaba mi mirada, estaba viendo hacia el vació.

-Pero entonces, ¿y Jessica?

-¡QUE IMPORTA JESSICA! –gritó y todo estuvo en descontrol grito tan fuerte que mis odios hicieron que se lastimaran.

Se acerco y se arrodillo ante mí.

-Perdóname – bajo la voz y su cabeza se encargo entre mis pies.

-No le puedes hacerle esto a Jessica- dije sobándole la cabeza con suavidad – ella te ama.

-Pero yo quiero estar contigo, dime ¿me quieres?- levanto la cabeza y me miro con ojos de tristeza, estaba a punto de derrumbarse.

-Lo lamento, estoy enamorado de otra persona- mire hacia otro lado evitando la mirada que me hacía Alan.

-¿Es Gabriel? – se le quebró la voz.

-Sí.

Pasaron minutos de silencio, lo único que pude sentir es que de nuevo su cabeza se relajo en mis pies y yo mientras estaba viendo al vació tratando de pensar bien las cosas.

Gabriel me ama y yo a él, pero ¿Alan?, también siento algo por él.

Estaba abriendo los ojos con lentitud por que una luz estaba reflejada hacía mí. Las cortinas no cubrían las ventanas, miré alrededor tratando de recordar en donde estaba, era un pequeño cuarto anaranjado con manchitas decorativas de color amarillo, la cama en que estaba acostado era muy grande como para que durmiera varias personas, miré de nuevo hacia a mi alrededor, a lado estaba una pequeña alarma digital, la levanté y mire la hora, aun era muy temprano.

Me senté ante la cama y buque mis zapatos para ponérmelos, mis sentidos aun seguían torpes, no recordaba lo que paso en la noche anterior, y de pronto como mi vista hizo que se dirigieran ante la puerta.

Alan

Me fui directo ante la sala y miraba a todos lados buscando una respuesta de él, y la encontré. Estaba acostado en el sofá con una pequeña sabana que solo lo cubría a la mitad. Se veía muy tierno y con ganas de abrazarlo y dormir con él, al verlo me sentí muy mal, todo por la pelea que tuve esa misma tarde y todavía con la conversación que tuvimos entre él y yo me hizo sentir el peor hombre del mundo.

Me quite de nuevo los zapatos y me acosté a lado de él, el tomo como respuesta una sonrisa, pero sin abrir los ojos y me dejo un pequeño hueco, me abrazó con suma delicadeza y trato de acariciarme la cabeza con un pequeño movimiento.

-¿T e encuentras bien? – me susurró al oído.

-Sí. – suspire y me deje llevar por su abrazo.

Dormimos muy poco, pero todo ese tiempo me hizo sentir como en el cielo, ese pequeño ángel que estaba a mi lado me hizo sentir seguro y feliz, no quería que sus manos se quitaran ante los míos. Trataba de poder oler su aroma natural ante su pecho, olí tan bien que no aparte mi nariz. Mientras él me acariciaba aun el cabello con sumo gusto.

-¿Por qué no quieres andar conmigo? – me preguntó aun con la voz tranquila.

-No me preguntes eso – me aleje de su pecho tratando de hablar con firmeza – estoy confundido.

-¡Déjalo! – me apretó mas la cintura, haciendo que entre nosotros teníamos mucho contacto con nuestras pieles.

-Lo amo- trate de alejarme y sentarme a lado de él.

Cuando lo vi el ya tenía los ojos abiertos y su rostro tenía el aspecto cansado como si no hubiera dormido nada.

-¿Tu sabes cuánto siento por ti? – me apretó de la mano y me la acaricio con lentitud.

-Lo sé, pero yo amo a Gabriel, no puedo jugar con sus sentimientos.

-¿Y por qué juegas con los míos? – se levanto a la misma distancia que tenía yo, se acerco ante mi rostro como si estuviera desafiándome.

-Tú te lo haces a ti mismo – miré más de cerca tratando de seguir su rol.

Se paró de inmediato tratando de dejar la conversación se fue directo a la cocina mientras yo lo seguía atrás de él, no quería dejar las cosas como así y me pare enfrente de él.

-Ya deje de hablar – me miro con ojos de furia.

-Pero yo no- levante la voz tratando de que él me diera explicaciones de una vez.

-Yo te amo, pero dice que tu amas a Gabriel, ¿Qué puedo hacer yo? ¡NADA! –giro hacia la mesa agarrando un plato mientras se servía una ración de cereal.

Lo miré aun con más furia, pero no sabía porque, ¿Por qué me estoy comportando así?

-También siento algo por ti – dije.

El no me hizo caso y aun seguí sirviéndose el plato con cereal, estaba desesperado, no sabía qué hacer me fui directo a la sala para ponerme mis zapatos, agarre todas mis cosas y me fui directo a la puerta, lo abrí y lo cerré de aventón haciendo que la puerta cerrara con fuerza.

Me pare en la esquina de la calle esperando que pasara algún taxi.

Venía uno en camino e hice señal de que se parará, me metí y le dije al taxista a donde se tenía que dirigir, el taxista tenía la cara confundida peor aun así siguió la orden.

Durante en todo el trayecto me asomaba en la ventanilla, pero no seguí ningún objeto, veía al vació, pensaba en todo lo que le había dicho a Alan, de pronto sentí como una gota de lagrima se derramo ante mi cachete. Lo limpie y cerré los ojos esperando el punto de mi llegada.

-Ya llegamos – dijo el taxista mientras veía cual era el precio justo del recorrido.

No contesté solo me limite en pagar y salir corriendo sin pensar en nada más.

Empecé abrir la puerta de golpe y me fui directo hacia mi cuarto, ni me di cuenta que mis padres estaban en la sala, pero pare ser que no les importo, abrí la puerta de mi cuarto y lo cerré al mismo tiempo que le ponía seguro a la puerta.

No pude contener el llanto y me fui directo a la cama, en verdad estaba llorando pero no sabía porque, ¿debería de amar a Alan cuando estoy enamorado de Gabriel?

Pasaron horas y todavía mi pecho me dolía de tanto llanto que aceche en la tarde, me mire al espejo y todos mis ojos estaban rojos, mi boca estaba seca y mis cabellos estaban todos alborotados, me sentía mal y aun así mañana era el día de ir a la escuela.

Estuve ojeando las hojas por si acaso tenía alguna tarea pendiente, la había. Solo contesté lo que pude pero en verdad no sabía si ponía atención a la tarea, solo pensaba en Gabriel pero al mismo tiempo en Alan.

Estaba anocheciendo y aun así tenía tarea, estaba sobre la cama tratando de pensar pero no podía, me rendí y avente mis cuadernos hacia el suelo y me acosté en la cama sin pensarlo dos veces y cerrar mis ojos.

Tenía un calor tremendo, el ambiente estaba muy cálido y eso me hizo que sudara, no tenía una sabana puesta y aun así el calor estaba aumentando más y más. Mire hacia el despertador y aun eran las diez de la noche, no podía dormir y trataba de acomodarme varias veces sobre mi cama aun tratando de dormir. Me rendí.

Me levanté y fui lentamente hacia mi puerta aun tratando de que mi vista mejorar un poco. La abrí y di unos pasos hasta que pude ver las cosas claramente, bajé a las escaleras y me di vuelta para ir a la cocina.

Encendí la luz y fui hacia el refrigerador, saque una jarra de agua con hielos y me lo empecé a tomar de jalón sin haber usado un vaso, hasta después ya que llene el vaso y lo subí a mi cuarto.

Entre a mi cuarto y el clima seguía igual, me desespere y me empecé a quitar toda la ropa que tenía puesta y me fui hacia la ventana para abrirla y que el viento entrara un poco a mi cuarto.

-¿Ha ce mucho calor verdad?- escuche un susurro a lado mío.

Tan pronto como lo escuche me levante enseguida y agarre el despertador y usarlo como arma.

-¡Espera! ¡Soy yo!- gritó Gabriel asustado a que no lo reconociera.

-Nunca hagas eso, ya te había dicho que mis padres se pueden enterar – me enojé y me senté a la cama.

-Pero quería verte como te sentías, y además me habías dicho que podía entrar por tu ventana – arco una ceja.

-Pero cuando yo te dijera.

-Bueno ya – se sentó a lado mío - ¿te sigue doliendo el golpe?

-No mucho – intente acomodarme mientras vi que él tenía un moretón enrome en su pecho - ¿y a ti?

-No es nada – se rió – son golpecitos de niña chiquita.

Reímos entre los dos un poco bajo para que mis padres no se despertaran por el ruido.

-Sería mejor que te fueras – dije mientras abría de nuevo la ventana.

-No puedo – dijo en voz baja – no sin saber si tu estas bien.

-Estoy bien – dije – ahora te puedes ir.

-¿Por qué me haces esto? – Frunció el ceño – quiero estar contigo.

-Pero mis papas… - y me asome a la puerta si todavía estaba cerrada.

-No haremos ruido, te lo prometo – y subió su mano tratando de que yo lo abrazara.

Nos acostamos sin hacer mucho ruido, solo nos besábamos a cada rato mientras jugábamos con nuestros cuerpos y sentíamos lo cálido que eran nuestras pieles, hacía mucho calor, pero no me importaba, nos abrasábamos y nos acariciábamos el cabello.

-¿Quieres intentarlo hoy? – y me empezó a agarrar la cintura con fuerza, sentía como su cuerpo estaba muy junto al mío.

-No podemos, mis papas nos podrían escuchar, además ya te había platicado de que me daba pena hacerlo – lo avente a un lado tratando de reincorporarme.

-No nos van a escuchar además tú ya sabes que no te debería darte pena conmigo ¿sí? – Sus manos de nuevo me sujetaron la cintura.

-No – y entrecerré los ojos tratando de dormir.

Me empezó a acariciar mis pequeños muslos de forma circular, en verdad eso me excitaba mucho, después su mano rodeo mi pecho y también daba pequeñas caricias circulares, me volví hacia él y lo bese, el empezó a juguetear su lengua y empezó a besarme el cuello, después bajo y se fue directo hacia mi pecho, estuvo besando mis pezones que por el calor se pusieron duros, yo me excitaba demasiado y empecé a jalarle los cabellos con dureza, el empezó a bajar hasta llegar a mi parte intima.

-Gabriel, te he dicho que no puedo, déjame en paz – quite su mano sobre mi parte intima y me voltee al lado contrario.

-Está bien – me lanzo un pequeño beso en la frente – perdóname por estándote forzando en hacerlo.

-Perdonado – y le lancé una pequeña risa, me quito el coraje pero aun estaba excitado – debemos dormir, por que mañana tenemos clases ¿sí?

-Pon el despertador – dirigió su mano hacia ella – quiero irme temprano antes de que tus papas despierten.

- No es necesario – le lance otra sonrisa – mis papas se irán a trabajar temprano así que estaríamos solos tu y yo – le bese en la boca.

Suspiró con lentitud mientras colocaba su mano sobre mí para abrazarme, yo le respondí hablándole en el odio con un pequeño susurro.

Te amo

Me levante con mucha felicidad, sabía que al lado de mí estaba ese niño al quien quería mucho, no fue necesario despertarlo, el ya lo estaba y me miraba con mucha alegría, su sonrisa me hicieron que lo besara lentamente.

-¿Quieres desayunar ahora? – me dijo mientras me acariciaba el cabello.

-Sí – bostece y me levante después de darle otro beso.

Me puse la ropa que me había quitado la noche anterior mientras Gabriel estaba levantándose y estirándose como un gato, se fue caminando hacia su pantalón para sacar la billetera que lo tenía en la bola trasera.

-¿Por qué no mejor vamos a comer afuera? – me dijo.

-No, yo quiero quedarme aquí y estar un tiempo contigo sin vista pública – sonreí.

-Está bien – me envió un guiño mientras se ponía los pantalones.

Nos bajamos abrasándonos hacia la cocina, no podía dejarlo de abrazar, me sentí muy bien y quería seguir besándolo todo el día, sin pasar a los limites. Gabriel fue por un plato y sirvió cereal mientras yo estaba preparando una tortilla francesa.

-Te amo- y me acaricio atrás de mí mientras estaba colocando el plato en su lugar.

Nos sentamos a la mesa mientras estuvimos agarrándonos de la mano y empezamos a platicar como debería de ser nuestra relación por el momento, mientras platicábamos me acariciaba la mano y a veces iba directo a mis muslos, eso me encantaba.

-Debemos de ser un poco más precavidos – hablo con una voz seria.

-Sí lo sé, pero aunque no me importaría la verdad lo que diga la gente.

-No es por la gente, a mí también no me importaría, pero que tal si se lo platican a tus padres o ellos ya saben…-me empezó a ver la mirada como si tratara de saber si era verdad.

-No – suspiré – ellos no lo saben.

Ambos nos quedamos mirando por un rato tratado de pensar en qué hacer, Gabriel termino de comer y se fue a la cocina a dejar su plato y se puso a lavarlo.

-Tarde o temprano lo deberán saber – me dijo desde la cocina.

-Lo sé – estaba sentado en la mesa y aun no había terminado en comer, estaba muy mal, ¿se los debería de decir? ¿Y por qué no mejor me escapo con él a un lugar lejos y haríamos de nuestras vidas lo que quisiéramos?

-¿Qué pasa? -hablo detrás de mi mientras me abrazo del cuello y apoyo su cabeza sobre mi hombro.

-¿Por qué la vida debe ser así? -Dije mientras no apartaba la vista sobre el plato.

-¿Así como? – me pregunto un poco confundido.

-¿Por qué no andar nosotros dos sin que nadie nos mire de forma asquerosa o algo así? – estaba enojado y él se dio cuenta cuando apretaba el cubierto con bastante fuerza.

Me miro a los ojos con mucha ternura.

-La vida quizás es así porque debería de serlo, no es de color de rosa ¿sabes? – Me lanzo un beso en mi mejilla y agarró mi plato para llevarlo a la cocina.

-¿Te irás a tu casa?- le pregunte mientras me acordaba que teníamos clases hoy.

-No lo sé, quizás venga a recogerte para llevarte a la escuela pero creo que no es muy seguro, la gente sospecharía.

-Bien… - suspiré mientras lo agarraba del brazo para que sus manos juguetearan con mi cabello como tanto me gustaba.

-No te preocupes – me lanzo una sonrisa – ya este es el último semestre y después podemos hacer lo que quisiéramos, bueno también debemos de pensar en que universidad podremos ir juntos.

-Eso sería genial – levante una gran sonrisa y le mande un beso en su frente – creo que eso podríamos hacer, pero propongo a que sea lejos de aquí ¿qué dices?

-Como tú digas bebé.

Gabriel termino de lavar los platos y se fue directo a mi cuarto para levantar sus cosas que había dejado en el suelo. Regreso con un poco de tristeza y me beso en la boca, después me miro a los ojos.

-Debo de irme a mi casa ¿está bien?

-Ajam – miro a ambos lados tratando de no ser un poco sensible.

-¡Hey! – me levanto la cara para seguirlo viendo – aun nos vamos a ver en la escuela, no te pongas así.

-Sí, pero no será lo mismo – de nuevo baje la mirada.

-Es por nuestro bien – me dio un beso con sus labios carnosos y fue poco a poco alejándose de mí con una sonrisa.

-Adiós – dije mientras con mi brazo hacía una pequeña despedida.

-Quizás venga esta noche – sonrió.

-Sí hazlo-y le mande un beso con mi mano.

Me subí a mi cuarto un poco disgustado, en verdad que quería que aun se quedara conmigo, ese sentimiento es tan fuerte que por ese momento pensé que nunca de él me separaría.

Aliste mi mochila y me fui directo a la calle para poder irme al transporte, cuando subí me di cuenta que Alan también estaba ahí sentado viendo a la ventanilla, al parecer él no había percatado de mi presencia.

-¿Me puedo sentar a lado tuyo? – pregunté mientras él me vio con sus ojos llenos de tristeza.

-No puedes- me esquivo la mirada y miro de nuevo hacia la ventanilla.

Me quede paralizado, estaba inmóvil pero mi mente aun seguía funcionando, no me esperaba la respuesta que él me había mandado, estaba totalmente perdido y de nuevo me sentí mal por eso, no pude hacer mucho y me fui directo en la parte de atrás desilusionado. En todo el viaje estaba mirándolo en sus espaldas, ¿por qué me dijo eso? Y mi corazón no me pudo mandar la respuesta.

Nos detuvimos en a parada, estaba sacando de mi pantalón el dinero que le tenía que dar al conductor, mientras el ya se había ido con pasos rápidos, en verdad el que me quería dejar de hablarme.

Fui al salón mientras trataba de comportarme como si nada hubiera pasado y dejar de andar explicando por el golpe que tenía aun en la nariz. La primera persona que vi en el salón fue Mónica, ya no me acordaba de ella, en verdad mi mente estaba pasando por muchas cosas.

-¿Pero que te paso? – me dijo mientras veía mi gran golpe.

-no fue nada – dije mientras trataba de ver en el salón si los demás me veían de esa forma extraña, pero ninguno lo hacía, de nuevo mire hacia Mónica – solo fue una pequeña pelea eso es todo.

-¿Con quién? ¿Cuándo? – y aun me seguía viendo de manera sorprendida.

Fue ahí cuando a lado de nosotros paso Jessica, estaba triste y yo sabía el por qué. Mónica se dio cuenta y fue directamente con ella, mientras estaban a lo lejos estaban charlando pero Jessica no apartaba la vista hacia la butaca.

Mientras ellas charlaban fui afuera del salón haber si había una respuesta de Alan, estaba él con sus amigos pero el parecía comportándose de forma normal como si en verdad lo de Jessica no le había importado nada, me miro al darse vuelta pero yo lo esquive, en verdad estaba enojado con el por lo que había hecho a mi mejor amiga.

-Sabía que no tuve que hacerme ilusiones con él – me hablo desde atrás, se veía un poco mejor.

-Lo siento en verdad – solo eso pude decirle, no tenía otra cosa que se me viniera en la mente - ¿Qué harás ahora?

- Nada solo que… pues haber si me repongo de esto y… no sé – estaba desesperada y agacho su cabeza apoyándose con sus manos en el parámanos.

-Dime si necesitas de algo ¿sí? – la mire una vez más mientras la profesora entraba ya a la clase.

-Gracias – y se dio la vuelta abrazándome.

sábado

CAPITULO 8

No fue necesario tocar la puerta en la casa de Angélica: ella estaba sentada delante de la puerta sobre unas pequeñas escaleras que, supongo yo, servían de adorno.

-Te ves genial – puse ojos de plato, y la verdad que sí lo estaba: tenía puesto un vestido rojo que hacía que su piel se viera más blanca de lo normal, como cristal.

-Gracias – dijo apenada, y sus mejillas se pusieron rojas como un jitomate.

-¿Y a dónde iremos, mi querida cenicienta? – dije bromeando.

- Al palacio, pero primero debemos irnos hacia el carrusel, nos esperan – dijo señalando un taxi que supongo que había encargado.

La ayudé a subir con mucho cuidado, pues la verdad con ese vestido que tenía puesto no quería que se ensuciara o que se le arrugara.

En todo el camino estábamos platicando sobre qué haríamos en la fiesta. No sé por qué estaba yo emocionado, y eso era muy raro para mí; cada vez que la veía ahí sentada, sonriendo a mi lado y haciendo unos cuantos chistes, la veía ya como una amiga, y le puse atención a sus pláticas y noté que ella también me veía así. ¿Acaso se dio cuenta de la situación? Espero que sí.

Nos detuvimos frente a un departamento que era bastante grande; baje rápidamente a abrirle la puerta a mi “compañera”.

-A sus órdenes, Su Majestad – dije mientras le sostenía la mano para que se sostuviera.

-Gracias, caballero – lanzó una pequeña sonrisa.

Abrimos entre los dos la gran puerta que estaba enfrente de nosotros y Angélica entró primero, y ambos estábamos poniendo atención si alguien nos podría indicar hacia dónde teníamos que ir, pero no había nadie.

-¿Debemos entrar al elevador? – me dirigí hacia ella, pero decidida adelantó el paso hacia una puerta que se dirigía hacia las escaleras.

-No es necesario, está a dos pisos – rió de nuevo.

Subimos las escaleras mientras ella me sostenía el brazo, como si fuese su caballero. No era tanto lo que subimos, luego vimos una puerta a través de la cual se veía gente en un pasillo; al parecer ese era el lugar indicado.

-¿Lista? – le apreté el brazo mientras caminábamos hacia la puerta.

-Claro-me dejó caer el brazo y me empujó suavemente por la espalda tratando de que yo entrara primero.

Aunque estaba abierta, toqué la puerta; esperamos solo unos segundos, cuando un joven salió por ella con el rostro de suma diversión. Era alto y tenía el cabello corto y chino; era de tez blanca y parecía que hacía ejercicio, ya que se veía un poco robusto.

-¿Vienen a la fiesta? – dijo mientras trataba de hablar por encima del fuerte ruido que había adentro.

-Sí – dijo Angélica, lanzando un guiño.

No sé si lo que vi era cierto o mi imaginación, pero parecía real: Angélica y el chico que nos hizo pasar no pararon de mirarse. ¿Acaso eso era el amor a primera vista? Entramos los tres y me dejaron cerca de una mesa que estaba vacía mientras ellos se sentaron en dos asientos separados de mí. No paraban de hablar y cada vez que me volteaba a mirar a Angélica, ella lanzaba una carcajada de gusto: disfrutaba de la conversación.

Estaba sentado y aburrido; yo creí que iba a pasar toda la tarde platicando con ella pero al parecer ella se veía más cómoda con el chico que acababa de encontrar. Yo miraba por todos lados tratando de descubrir alguna fuente de diversión pero todos estaban sentados y la mayoría estaba recargada sobre un pequeño bar que había enfrente de una sala.

Miré con desánimo cómo la gente estaba al parecer cada uno en su plática, y suponía que yo era el único que estaba solo.

De pronto vi cómo dos personas que estaban bastantes alejados del bar platicaban un poco más fuerte que los demás. Eran Gabriel y Alan; al parecer, les enviaron la misma invitación. ¡No lo creía! Estaban ellos dos, y cuando los vi sabía que al menos esta noche no sería tan aburrida.

Traté de levantarme suavemente y pensé en pasar enfrente de ellos como si aún no me hubiera dado cuenta de su presencia. Afortunadamente vi al lado de ellos un pasillo que se dirigía a los baños. Me fui hacia el pasillo viendo hacia mis pantalones tratando de sacar algo y fue cuando pase enfrente de ellos.

-¡Espera! –dijo alguien a mi lado.

-¡Uh! – sonreía, pues sabía quién me había hablado.

Gabriel estaba sosteniendo una copa y me hacía señales de que fuera hacia él mientras Alan pedía otra copa.

-¿Qué haces aquí? –dije cuando caminaba hacia ellos.

-Pues – habló Gabriel – me invitó Alan, y a él lo invitaron unos amigos.

-¿Y con quién vienes? – preguntó Alan un poco curioso.

-Con una amiga- señalaba a Angélica, que estaba sentada con el chico; aun seguían platicando con gusto.

-¿Está con Alfredo? – preguntó Alan un poco extrañado.

-Sí es que así como se llama, sí. ¿Por qué?

-¡Él tiene novia! – Alan me lanzó una mirada preocupada.

-¡¿QUE!?- grité en medio de la fiesta pero el sonido era tan fuerte que nadie lo pudo haber escuchado.

No pude contenerme por la rabia que tenía sobre ese chico que estaba platicando con mi amiga. Me fui directo hacia él; estaba bastante furioso y, sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia él y le agarré el hombro con mucha fuerza.

-¿Te puedes ir a otros sitio, por favor? – le miré a los ojos con mucha rabia.

-¿A ti qué te pasa? – me contestó un poco confundido.

-Deja de hacerte el pendejo y por qué no mejor te vas con tu “novia”

-¿Qué sucede? – me preguntó Angélica cuando aun no sabía lo que sucedía.

-Es mejor que te calmes si no quieres que te lance un putazo – dijo. Se levantó y me intimide un poco ya que él que era más alto que yo.

-¡Tranquilos! – gritó Angélica en medio de nosotros para evitar una pelea, pero la verdad yo quería golpearlo para que dejara de andar zorreando con los demás.

-¡Vamos, pelea si es lo que quieres! – lo desafié cuando intenté apartarme de Angélica para pelear con Alfredo.

Él no contestó y empezó a subirse las mangas de su camisa.

De pronto sentí un dolor en la nariz: me lo había causado un golpe que me envió Alfredo. Me caí hacia atrás; no me importó el dolor y me volví a levantar para poder darle un golpe. Le lancé un puñetazo y me fui directo a su estómago. Él se agachó y me volvió aventar hacia atrás tratando de tirarme y empezar a golpearme.

De pronto vi cómo alguien se abalanzó hacia Alfredo, y le dio un golpe en la cabeza. Me paré para ver lo que sucedía, apenas sosteniendo mi cabeza después del golpe que me envió.

Era Gabriel tratando de defenderme. Gabriel era más alto que él y sabía que podía ganarle. Angélica se apoyaba sobre mí tratando de observar si estaba bien, mientras Alan trataba de separarlos. Ambos se dieron numerosos golpes

-¡Ya basta!- intervino Alan, se metió entre los dos y los separó de inmediato.

-Esto no se va a quedar así – dijo Alfredo limpiándose la sangre que se le escurría de la boca.

-¡Si vuelves a pegarle, te mato, hijo de…! -Gabriel se incorporó y se fue directo hacia a mí.

-¡Ya! – de nuevo gritó Angélica que ya parecía un poco asustada y furiosa al mismo tiempo.

Alfredo se salió de la sala y se fui directo hacia la puerta y se marchó.

Todos los de la fiesta estaban murmurando de lo que había sucedido mientras Angélica estaba platicando a solas con Alan. Gabriel, en tanto, estaba abrazándome como si yo hubiera recibido más golpes que él.

-¿Estás bien? – dijo Gabriel con voz preocupada.

-Sí claro, pero ¿tú? – y le fruncí el ceño viendo que él estaba más adolorido que yo.

-No te preocupes, es mejor que nos vayamos- me agarró del hombro mientras se dirigía hacia la puerta.

-Es mejor que yo lo lleve– dijo Alan – no queremos que duden sus papás lo que pasó. Gabriel, tú te llevarás a Angélica, y yo ya trataré de inventar algo.

Alan me agarró del hombro dirigiéndose a la puerta. ¿Por qué el tendría que llevarme?

Fuimos directo a su coche; quise voltearme para saber si Gabriel estaba siguiéndonos pero no vi ninguna respuesta.

El coche no estaba muy lejos pero Alan adelantaba el paso.

-¡Aquí quédate! -me avisó mientras trotaba hacia su carro.

Hacía mucho frio y escuchaba como mis dientes castañeteaban por la excitación.

Alan frenó su carro frente a mí y me subí despacio; ahí presté atención al dolor que me causaba el golpe, pues era demasiado.

Íbamos a paso lento mientras Alan pensaba en lo que iba a decir a mis padres.

-Vamos a una farmacia- dirigió su mirada hacia la mía con suma preocupación.

-No es necesario – dije, y trataba de sobarme la nariz y dejar que el dolor no interrumpiera la conversación.

-No es que quiera, necesitamos que el golpe no se note mucho – Aceleró su carro y se dio vuelta hacia la esquina, donde lejos parecía que había una farmacia.

-¿Sabes? – Comenzó a hablar – perdona por no haberte defendido – frunció el ceño.

-No te preocupes, solo fue un golpe, el que debería de haber ayudado es Gabriel, y lo hizo, pero… ¿dónde está Jessica?

-Jessica no pudo venir – se asomó por el retrovisor con cara de disgusto; parecía que no le gustaba recordar lo que sucedió.

-¿Pasó algo? – pregunté cuando lo vi un poco inquieto.

-No nada, solo que pues estamos hablando sobre unas cosas pero no pasa a mayores – me lanzó una mirada extraña cuando el carro se detuvo enfrente de la farmacia.

-Deja que compre unas cosas, ahorita vuelvo – apagó el motor, puso el freno de mano y se salió con rapidez.

Estaba recargado sobre el asiento tratando de descansar; mi moretón aun seguía doliéndome y quise verme por el retrovisor. Me di un susto cuando vi que toda mi nariz estaba roja como la nariz de un reno de los que viajan con Santa Claus: en verdad me veía muy mal.

Se abrió la puerta del lado y Alan trató de entrar con una bolsa llena de medicinas.

-Primero tómate esta pastilla, te servirá para que ya no se te inflame más el moretón. Después ponte este algodón con un poco de esto, servirá para qué deje de dolerte un poco – de nuevo encendió el motor y se dirigió hacia la carretera camino a mi casa.

-Te ves mal – me dijo observando mi moretón.

-Sí lo sé, debo pensar en algo – traté de ver por la ventanilla esperando que se me ocurriera una idea, cuando sentí como el teléfono estaba vibrando en mi pantalón como respuesta de un mensaje.

-Me mandaron un mensaje – dije mientras inspeccionaba el celular - ¡Son mis papás! – Me asusté cuando me di cuenta que eran ellos.

-¿Qué dice? –Alan parecía también un poco asustado.

“Hijo, es mejor que no vengas a la casa, al parece hubo un problema en la carretera en la que vienes, parece ser que hubo un choque tremendo, queremos que vuelvas mañana a la casa, por lo tanto quédate con Angélica, besos.”

-¡Qué bien! – dije emocionado después de que le repitiera el mensaje a Alan.

-Es mejor que le mandes un mensaje a Angélica por si tus papás le hablan a ella – sugirió. Manejaba lento después de saber la noticia del accidente.

Estaba escribiendo el mensaje a Angélica mientras veía como Alan aun seguía aturdido como si algo aun no cuadrara en él.

-¿Y ahora qué? – dije mientras apagaba el celular. Lo aventé a la parte trasera del coche.

-Es mejor que duermas en mi casa, no es conveniente ir de nuevo a la casa de Angélica; ya oscureció y no queremos problemas.

-Está bien – dije cuando aun sostenía el algodón en mi nariz – el dolor dejó de molestarme, parece que ya estoy mejor.

-Que bueno– me lanzó una sonrisa – No tardaremos en llegar, además mis padres no están, se fueron de viaje, así que puedes hacer adentro lo que tú quieras, siéntete como en tu casa.

-Gracias.

Me recosté un poco mientras avanzábamos; poco a poco el paisaje que veía a través de la ventanilla se oscurecía; mi vista se nublaba y gradualmente me adormecía y me perdía en un profundo sueño.

-Oye, ya llegamos – sentí como un brazo me estaba empujando el pecho.

-¿Ya?- me tallé los ojos después de sentir los golpecitos en mí.

-¡Sí, dormilón!- lanzó una pequeña carcajada mientras yo trataba de pararme lentamente para no caer inconsciente después del golpe que me dieron.

Alan abrió la entrada de su casa y dejó caer sus llaves al lado de la puerta; después avanzó más rápido para encender las luces del pasillo.

-¿Quieres quedarte un rato en la sala o quieres dormir en mi cuarto? – dijo con voz ronca; parecía que el también estaba un poco cansado.

-No te preocupes, estoy bien; aun no tengo sueño así que mirare un poco la televisión en la sala.

-Claro – me envió a paso lento hacia el sillón de piel que estaba al lado de nosotros, aun tenía mis pies torpes y él me sentó a lado suyo.

-Perdona por haberte preocupado después de todo lo que paso, perdóname- dije mientras me quitaba el algodón de mi nariz.

-Perdóname a mí por no haberte defendido.- dijo dulcemente

Encendí la televisión un poco desesperado buscando algo interesante en ella, pero no encontré nada hasta que apareció una pequeña película que al parecer era de amor o algo parecido.

-Me avisas cuando quieras dormir, mientras tanto me prepararé en mi cuarto – se levantó enseguida.

-No, Alan, yo dormiré en la sala – dije un poco avergonzado mientras el aun se encaminaba hacia su cuarto.

Alan se detuvo y se sentó a lado mío, pero esa vez sentí que estaba muy apegado hacia mí.

-No intentes que cambie de idea, quiero que te quedes a dormir en mi cama, yo me dormiré en la sala ¿sí? – y me lanzó una pequeña sonrisa. Yo lo miraba con mi cara confundida.

-No lo haré, no dormiré en tu cuarto- lo dije seriamente y sin hacerle caso el ruido que provocaba la televisión.

-Pues lo harás, quiero ayudarte después de no haberte defendido en la pelea, me siento como un completo idiota.

-¿Como un idiota? – y fue ahí cuando nos quedamos mirando por un largo rato: él no apartaba la vista de mí. En ese instante volvieron a mi mente todas las emociones que él me provocaba, después de haber olvidado cuánto me atraía en la escuela, él, mi amor platónico, mi Alan.

-¿Tienes hambre? – se levantó de nuevo hacia la cocina.

-Solo quiero un vaso de agua, estoy un poco sediento – dije turbado; después mire hacia el televisor: había una escena en la que el enamorado le mandaba muchas cartas a su novia mientras el componía una canción para ella. Al parecer él estaba encerrado en la cárcel.

-Que ridículo – dijo detrás de mí con el vaso en su mano.

-Claro que no – me quejé al mismo tiempo que agarraba el vaso. Me tomé casi toda el agua, pero a pequeños sorbos.

-Claro que lo es, debería mejor en pensar como escapar de la cárcel antes de que lo maten o algo así.

Se sentó a lado mío sin dejar de mirar la escena en la televisión.

-Pues deberías saber que no es ridículo, algún día lo harías con tu novia Jessica.- Observé que de nuevo puso su cara de mal amigos y su mandíbula apretaba más fuerte.

-¿Dije algo malo? – pregunté. Él seguía con ese gesto rígido.

-No, solo que no quiero que me hables de ella, eso es todo.

-Está bien – volví a tomar otro sorbo de agua y coloque el vaso en la mesita que estaba frente al sillón.

-¿Te puedo preguntar algo? –se dirigió hacia mi entrecerrando los ojos, como tratando de dormir un poco.

-Sí, claro – me senté más firme y erguido, tratando de escuchar atentamente lo que me iba a decir.

-¿Qué harías si estuvieras enamorado de una persona, pero eso no puede resultar ya que hay ciertos problemas en ella?

-¿Qué tipo de problemas?

-Digamos que… es difícil – movió la cabeza varias veces tratando de describirlo mejor.

-Dímelo- alcé la cabeza más alta, tratando de ayudarlo.

-Estoy enamorado de ti- me miro a los los tímidamente.