-¿Qué dices? – pregunté sorprendido por lo que me había dicho Alan.
-Que estoy enamorado de ti – frunció el ceño.
-¿Cómo paso esto? – pregunté de manera angustiada, ¿acaso era bisexual?
-El día en que te vi en el cine me gustaste, todo el tiempo en que estuve con Jessica me sentía mal por no haberte ido contigo en la plaza y después cuando acabó me fui directo a ti a verte, pero no sabía que estarías comportándote de esa manera tan dulce con Gabriel y eso me hizo sentir celos- su postura aun era rígida y evitaba mi mirada, estaba viendo hacia el vació.
-Pero entonces, ¿y Jessica?
-¡QUE IMPORTA JESSICA! –gritó y todo estuvo en descontrol grito tan fuerte que mis odios hicieron que se lastimaran.
Se acerco y se arrodillo ante mí.
-Perdóname – bajo la voz y su cabeza se encargo entre mis pies.
-No le puedes hacerle esto a Jessica- dije sobándole la cabeza con suavidad – ella te ama.
-Pero yo quiero estar contigo, dime ¿me quieres?- levanto la cabeza y me miro con ojos de tristeza, estaba a punto de derrumbarse.
-Lo lamento, estoy enamorado de otra persona- mire hacia otro lado evitando la mirada que me hacía Alan.
-¿Es Gabriel? – se le quebró la voz.
-Sí.
Pasaron minutos de silencio, lo único que pude sentir es que de nuevo su cabeza se relajo en mis pies y yo mientras estaba viendo al vació tratando de pensar bien las cosas.
Gabriel me ama y yo a él, pero ¿Alan?, también siento algo por él.
Estaba abriendo los ojos con lentitud por que una luz estaba reflejada hacía mí. Las cortinas no cubrían las ventanas, miré alrededor tratando de recordar en donde estaba, era un pequeño cuarto anaranjado con manchitas decorativas de color amarillo, la cama en que estaba acostado era muy grande como para que durmiera varias personas, miré de nuevo hacia a mi alrededor, a lado estaba una pequeña alarma digital, la levanté y mire la hora, aun era muy temprano.
Me senté ante la cama y buque mis zapatos para ponérmelos, mis sentidos aun seguían torpes, no recordaba lo que paso en la noche anterior, y de pronto como mi vista hizo que se dirigieran ante la puerta.
Alan
Me fui directo ante la sala y miraba a todos lados buscando una respuesta de él, y la encontré. Estaba acostado en el sofá con una pequeña sabana que solo lo cubría a la mitad. Se veía muy tierno y con ganas de abrazarlo y dormir con él, al verlo me sentí muy mal, todo por la pelea que tuve esa misma tarde y todavía con la conversación que tuvimos entre él y yo me hizo sentir el peor hombre del mundo.
Me quite de nuevo los zapatos y me acosté a lado de él, el tomo como respuesta una sonrisa, pero sin abrir los ojos y me dejo un pequeño hueco, me abrazó con suma delicadeza y trato de acariciarme la cabeza con un pequeño movimiento.
-¿T e encuentras bien? – me susurró al oído.
-Sí. – suspire y me deje llevar por su abrazo.
Dormimos muy poco, pero todo ese tiempo me hizo sentir como en el cielo, ese pequeño ángel que estaba a mi lado me hizo sentir seguro y feliz, no quería que sus manos se quitaran ante los míos. Trataba de poder oler su aroma natural ante su pecho, olí tan bien que no aparte mi nariz. Mientras él me acariciaba aun el cabello con sumo gusto.
-¿Por qué no quieres andar conmigo? – me preguntó aun con la voz tranquila.
-No me preguntes eso – me aleje de su pecho tratando de hablar con firmeza – estoy confundido.
-¡Déjalo! – me apretó mas la cintura, haciendo que entre nosotros teníamos mucho contacto con nuestras pieles.
-Lo amo- trate de alejarme y sentarme a lado de él.
Cuando lo vi el ya tenía los ojos abiertos y su rostro tenía el aspecto cansado como si no hubiera dormido nada.
-¿Tu sabes cuánto siento por ti? – me apretó de la mano y me la acaricio con lentitud.
-Lo sé, pero yo amo a Gabriel, no puedo jugar con sus sentimientos.
-¿Y por qué juegas con los míos? – se levanto a la misma distancia que tenía yo, se acerco ante mi rostro como si estuviera desafiándome.
-Tú te lo haces a ti mismo – miré más de cerca tratando de seguir su rol.
Se paró de inmediato tratando de dejar la conversación se fue directo a la cocina mientras yo lo seguía atrás de él, no quería dejar las cosas como así y me pare enfrente de él.
-Ya deje de hablar – me miro con ojos de furia.
-Pero yo no- levante la voz tratando de que él me diera explicaciones de una vez.
-Yo te amo, pero dice que tu amas a Gabriel, ¿Qué puedo hacer yo? ¡NADA! –giro hacia la mesa agarrando un plato mientras se servía una ración de cereal.
Lo miré aun con más furia, pero no sabía porque, ¿Por qué me estoy comportando así?
-También siento algo por ti – dije.
El no me hizo caso y aun seguí sirviéndose el plato con cereal, estaba desesperado, no sabía qué hacer me fui directo a la sala para ponerme mis zapatos, agarre todas mis cosas y me fui directo a la puerta, lo abrí y lo cerré de aventón haciendo que la puerta cerrara con fuerza.
Me pare en la esquina de la calle esperando que pasara algún taxi.
Venía uno en camino e hice señal de que se parará, me metí y le dije al taxista a donde se tenía que dirigir, el taxista tenía la cara confundida peor aun así siguió la orden.
Durante en todo el trayecto me asomaba en la ventanilla, pero no seguí ningún objeto, veía al vació, pensaba en todo lo que le había dicho a Alan, de pronto sentí como una gota de lagrima se derramo ante mi cachete. Lo limpie y cerré los ojos esperando el punto de mi llegada.
-Ya llegamos – dijo el taxista mientras veía cual era el precio justo del recorrido.
No contesté solo me limite en pagar y salir corriendo sin pensar en nada más.
Empecé abrir la puerta de golpe y me fui directo hacia mi cuarto, ni me di cuenta que mis padres estaban en la sala, pero pare ser que no les importo, abrí la puerta de mi cuarto y lo cerré al mismo tiempo que le ponía seguro a la puerta.
No pude contener el llanto y me fui directo a la cama, en verdad estaba llorando pero no sabía porque, ¿debería de amar a Alan cuando estoy enamorado de Gabriel?
Pasaron horas y todavía mi pecho me dolía de tanto llanto que aceche en la tarde, me mire al espejo y todos mis ojos estaban rojos, mi boca estaba seca y mis cabellos estaban todos alborotados, me sentía mal y aun así mañana era el día de ir a la escuela.
Estuve ojeando las hojas por si acaso tenía alguna tarea pendiente, la había. Solo contesté lo que pude pero en verdad no sabía si ponía atención a la tarea, solo pensaba en Gabriel pero al mismo tiempo en Alan.
Estaba anocheciendo y aun así tenía tarea, estaba sobre la cama tratando de pensar pero no podía, me rendí y avente mis cuadernos hacia el suelo y me acosté en la cama sin pensarlo dos veces y cerrar mis ojos.
Tenía un calor tremendo, el ambiente estaba muy cálido y eso me hizo que sudara, no tenía una sabana puesta y aun así el calor estaba aumentando más y más. Mire hacia el despertador y aun eran las diez de la noche, no podía dormir y trataba de acomodarme varias veces sobre mi cama aun tratando de dormir. Me rendí.
Me levanté y fui lentamente hacia mi puerta aun tratando de que mi vista mejorar un poco. La abrí y di unos pasos hasta que pude ver las cosas claramente, bajé a las escaleras y me di vuelta para ir a la cocina.
Encendí la luz y fui hacia el refrigerador, saque una jarra de agua con hielos y me lo empecé a tomar de jalón sin haber usado un vaso, hasta después ya que llene el vaso y lo subí a mi cuarto.
Entre a mi cuarto y el clima seguía igual, me desespere y me empecé a quitar toda la ropa que tenía puesta y me fui hacia la ventana para abrirla y que el viento entrara un poco a mi cuarto.
-¿Ha ce mucho calor verdad?- escuche un susurro a lado mío.
Tan pronto como lo escuche me levante enseguida y agarre el despertador y usarlo como arma.
-¡Espera! ¡Soy yo!- gritó Gabriel asustado a que no lo reconociera.
-Nunca hagas eso, ya te había dicho que mis padres se pueden enterar – me enojé y me senté a la cama.
-Pero quería verte como te sentías, y además me habías dicho que podía entrar por tu ventana – arco una ceja.
-Pero cuando yo te dijera.
-Bueno ya – se sentó a lado mío - ¿te sigue doliendo el golpe?
-No mucho – intente acomodarme mientras vi que él tenía un moretón enrome en su pecho - ¿y a ti?
-No es nada – se rió – son golpecitos de niña chiquita.
Reímos entre los dos un poco bajo para que mis padres no se despertaran por el ruido.
-Sería mejor que te fueras – dije mientras abría de nuevo la ventana.
-No puedo – dijo en voz baja – no sin saber si tu estas bien.
-Estoy bien – dije – ahora te puedes ir.
-¿Por qué me haces esto? – Frunció el ceño – quiero estar contigo.
-Pero mis papas… - y me asome a la puerta si todavía estaba cerrada.
-No haremos ruido, te lo prometo – y subió su mano tratando de que yo lo abrazara.
Nos acostamos sin hacer mucho ruido, solo nos besábamos a cada rato mientras jugábamos con nuestros cuerpos y sentíamos lo cálido que eran nuestras pieles, hacía mucho calor, pero no me importaba, nos abrasábamos y nos acariciábamos el cabello.
-¿Quieres intentarlo hoy? – y me empezó a agarrar la cintura con fuerza, sentía como su cuerpo estaba muy junto al mío.
-No podemos, mis papas nos podrían escuchar, además ya te había platicado de que me daba pena hacerlo – lo avente a un lado tratando de reincorporarme.
-No nos van a escuchar además tú ya sabes que no te debería darte pena conmigo ¿sí? – Sus manos de nuevo me sujetaron la cintura.
-No – y entrecerré los ojos tratando de dormir.
Me empezó a acariciar mis pequeños muslos de forma circular, en verdad eso me excitaba mucho, después su mano rodeo mi pecho y también daba pequeñas caricias circulares, me volví hacia él y lo bese, el empezó a juguetear su lengua y empezó a besarme el cuello, después bajo y se fue directo hacia mi pecho, estuvo besando mis pezones que por el calor se pusieron duros, yo me excitaba demasiado y empecé a jalarle los cabellos con dureza, el empezó a bajar hasta llegar a mi parte intima.
-Gabriel, te he dicho que no puedo, déjame en paz – quite su mano sobre mi parte intima y me voltee al lado contrario.
-Está bien – me lanzo un pequeño beso en la frente – perdóname por estándote forzando en hacerlo.
-Perdonado – y le lancé una pequeña risa, me quito el coraje pero aun estaba excitado – debemos dormir, por que mañana tenemos clases ¿sí?
-Pon el despertador – dirigió su mano hacia ella – quiero irme temprano antes de que tus papas despierten.
- No es necesario – le lance otra sonrisa – mis papas se irán a trabajar temprano así que estaríamos solos tu y yo – le bese en la boca.
Suspiró con lentitud mientras colocaba su mano sobre mí para abrazarme, yo le respondí hablándole en el odio con un pequeño susurro.
Te amo
Me levante con mucha felicidad, sabía que al lado de mí estaba ese niño al quien quería mucho, no fue necesario despertarlo, el ya lo estaba y me miraba con mucha alegría, su sonrisa me hicieron que lo besara lentamente.
-¿Quieres desayunar ahora? – me dijo mientras me acariciaba el cabello.
-Sí – bostece y me levante después de darle otro beso.
Me puse la ropa que me había quitado la noche anterior mientras Gabriel estaba levantándose y estirándose como un gato, se fue caminando hacia su pantalón para sacar la billetera que lo tenía en la bola trasera.
-¿Por qué no mejor vamos a comer afuera? – me dijo.
-No, yo quiero quedarme aquí y estar un tiempo contigo sin vista pública – sonreí.
-Está bien – me envió un guiño mientras se ponía los pantalones.
Nos bajamos abrasándonos hacia la cocina, no podía dejarlo de abrazar, me sentí muy bien y quería seguir besándolo todo el día, sin pasar a los limites. Gabriel fue por un plato y sirvió cereal mientras yo estaba preparando una tortilla francesa.
-Te amo- y me acaricio atrás de mí mientras estaba colocando el plato en su lugar.
Nos sentamos a la mesa mientras estuvimos agarrándonos de la mano y empezamos a platicar como debería de ser nuestra relación por el momento, mientras platicábamos me acariciaba la mano y a veces iba directo a mis muslos, eso me encantaba.
-Debemos de ser un poco más precavidos – hablo con una voz seria.
-Sí lo sé, pero aunque no me importaría la verdad lo que diga la gente.
-No es por la gente, a mí también no me importaría, pero que tal si se lo platican a tus padres o ellos ya saben…-me empezó a ver la mirada como si tratara de saber si era verdad.
-No – suspiré – ellos no lo saben.
Ambos nos quedamos mirando por un rato tratado de pensar en qué hacer, Gabriel termino de comer y se fue a la cocina a dejar su plato y se puso a lavarlo.
-Tarde o temprano lo deberán saber – me dijo desde la cocina.
-Lo sé – estaba sentado en la mesa y aun no había terminado en comer, estaba muy mal, ¿se los debería de decir? ¿Y por qué no mejor me escapo con él a un lugar lejos y haríamos de nuestras vidas lo que quisiéramos?
-¿Qué pasa? -hablo detrás de mi mientras me abrazo del cuello y apoyo su cabeza sobre mi hombro.
-¿Por qué la vida debe ser así? -Dije mientras no apartaba la vista sobre el plato.
-¿Así como? – me pregunto un poco confundido.
-¿Por qué no andar nosotros dos sin que nadie nos mire de forma asquerosa o algo así? – estaba enojado y él se dio cuenta cuando apretaba el cubierto con bastante fuerza.
Me miro a los ojos con mucha ternura.
-La vida quizás es así porque debería de serlo, no es de color de rosa ¿sabes? – Me lanzo un beso en mi mejilla y agarró mi plato para llevarlo a la cocina.
-¿Te irás a tu casa?- le pregunte mientras me acordaba que teníamos clases hoy.
-No lo sé, quizás venga a recogerte para llevarte a la escuela pero creo que no es muy seguro, la gente sospecharía.
-Bien… - suspiré mientras lo agarraba del brazo para que sus manos juguetearan con mi cabello como tanto me gustaba.
-No te preocupes – me lanzo una sonrisa – ya este es el último semestre y después podemos hacer lo que quisiéramos, bueno también debemos de pensar en que universidad podremos ir juntos.
-Eso sería genial – levante una gran sonrisa y le mande un beso en su frente – creo que eso podríamos hacer, pero propongo a que sea lejos de aquí ¿qué dices?
-Como tú digas bebé.
Gabriel termino de lavar los platos y se fue directo a mi cuarto para levantar sus cosas que había dejado en el suelo. Regreso con un poco de tristeza y me beso en la boca, después me miro a los ojos.
-Debo de irme a mi casa ¿está bien?
-Ajam – miro a ambos lados tratando de no ser un poco sensible.
-¡Hey! – me levanto la cara para seguirlo viendo – aun nos vamos a ver en la escuela, no te pongas así.
-Sí, pero no será lo mismo – de nuevo baje la mirada.
-Es por nuestro bien – me dio un beso con sus labios carnosos y fue poco a poco alejándose de mí con una sonrisa.
-Adiós – dije mientras con mi brazo hacía una pequeña despedida.
-Quizás venga esta noche – sonrió.
-Sí hazlo-y le mande un beso con mi mano.
Me subí a mi cuarto un poco disgustado, en verdad que quería que aun se quedara conmigo, ese sentimiento es tan fuerte que por ese momento pensé que nunca de él me separaría.
Aliste mi mochila y me fui directo a la calle para poder irme al transporte, cuando subí me di cuenta que Alan también estaba ahí sentado viendo a la ventanilla, al parecer él no había percatado de mi presencia.
-¿Me puedo sentar a lado tuyo? – pregunté mientras él me vio con sus ojos llenos de tristeza.
-No puedes- me esquivo la mirada y miro de nuevo hacia la ventanilla.
Me quede paralizado, estaba inmóvil pero mi mente aun seguía funcionando, no me esperaba la respuesta que él me había mandado, estaba totalmente perdido y de nuevo me sentí mal por eso, no pude hacer mucho y me fui directo en la parte de atrás desilusionado. En todo el viaje estaba mirándolo en sus espaldas, ¿por qué me dijo eso? Y mi corazón no me pudo mandar la respuesta.
Nos detuvimos en a parada, estaba sacando de mi pantalón el dinero que le tenía que dar al conductor, mientras el ya se había ido con pasos rápidos, en verdad el que me quería dejar de hablarme.
Fui al salón mientras trataba de comportarme como si nada hubiera pasado y dejar de andar explicando por el golpe que tenía aun en la nariz. La primera persona que vi en el salón fue Mónica, ya no me acordaba de ella, en verdad mi mente estaba pasando por muchas cosas.
-¿Pero que te paso? – me dijo mientras veía mi gran golpe.
-no fue nada – dije mientras trataba de ver en el salón si los demás me veían de esa forma extraña, pero ninguno lo hacía, de nuevo mire hacia Mónica – solo fue una pequeña pelea eso es todo.
-¿Con quién? ¿Cuándo? – y aun me seguía viendo de manera sorprendida.
Fue ahí cuando a lado de nosotros paso Jessica, estaba triste y yo sabía el por qué. Mónica se dio cuenta y fue directamente con ella, mientras estaban a lo lejos estaban charlando pero Jessica no apartaba la vista hacia la butaca.
Mientras ellas charlaban fui afuera del salón haber si había una respuesta de Alan, estaba él con sus amigos pero el parecía comportándose de forma normal como si en verdad lo de Jessica no le había importado nada, me miro al darse vuelta pero yo lo esquive, en verdad estaba enojado con el por lo que había hecho a mi mejor amiga.
-Sabía que no tuve que hacerme ilusiones con él – me hablo desde atrás, se veía un poco mejor.
-Lo siento en verdad – solo eso pude decirle, no tenía otra cosa que se me viniera en la mente - ¿Qué harás ahora?
- Nada solo que… pues haber si me repongo de esto y… no sé – estaba desesperada y agacho su cabeza apoyándose con sus manos en el parámanos.
-Dime si necesitas de algo ¿sí? – la mire una vez más mientras la profesora entraba ya a la clase.
-Gracias – y se dio la vuelta abrazándome.

